1000 tambores

Tomás Villarroel
Investigador Fundación P!ensa

La semana pasada se conoció la suspensión del Festival de los 1000 Tambores en Valparaíso. Muchos habitantes, visitantes y comerciantes de la ciudad puerto respiraron aliviados. Este fenómeno, que tanta discusión y dolores de cabeza desató, puede ser analizado desde dos perspectivas. Primero, desde lo que representa intrínsecamente.

En este ámbito, los pasacalles sin duda constituyen una expresión y aporte cultural. Segundo, desde la perspectiva de lo que significa extrínsecamente, es decir, de sus externalidades.

Aquí el Festival es exacta negación de lo que podríamos entender por cultura. Y si las externalidades que genera -por acumulación de basura, por las incivilidades etc.- se vuelven insufribles para los habitantes, entonces hay que evaluar el evento en su conjunto, como lo hizo la ciudad de Berlín con la Love Parade. Así, y por retomar la expresión que acuñara hace algunos meses Iván Poduje, el Festival de los Tambores sería una manifestación del “Valpo” que está matando a Valparaíso.

Con todo, llama la atención la ambigüedad y la posterior crítica con que reaccionó el alcalde Sharp a la suspensión del evento. Si antes había manifestado sus dudas y reparos (también de modo ambiguo) al evento, ahora se ubicó en la acera del frente. La pregunta finalmente es qué tipo de ciudad queremos construir y habitar.

No hay que olvidar que Valparaíso es patrimonio de la humanidad, un pequeño detalle. En esa línea, el festival Puerto de Ideas, otro evento emblemático de la comuna, da luces sobre el rumbo que debiera seguir la ciudad en la construcción de su fisonomía urbana y cultural.