Ciudades para vivir

Por Jaime Lindh
Coordinador de Opinión Pública

Esta semana lanzamos la quinta Encuesta P!ensa18 cuyo propósito ha sido el describir la calidad de vida de los habitantes de la región de Valparaíso en dimensiones claves para el desarrollo humano. Entre los múltiples hallazgos que identificamos durante estos cinco años de estudio destaca uno en particular: la permanente mala evaluación que entrega la ciudadanía a sus ciudades.

La región ha desaprobado permanentemente el equipamiento urbano. Por ejemplo, durante el 2018 vemos que 1 cada 3 personas aprueban la señalización vial, que 1 cada 4 aprueba la disponibilidad de basureros en la vía pública y que tan sólo 1 cada 5 aprueba la calidad de las calles y calzadas de la ciudad.

Ahora bien, los resultados de la encuesta nos muestran que el déficit de equipamiento urbano coexiste con una percepción de que los espacios públicos están cooptados por conductas que atentan contra una sana convivencia, es decir, por incivilidades. Vemos -por ejemplo, que los robos o las balaceras son ya hechos comunes para 1 cada 4 personas en la región, que los rayados en las propiedades son parte de la idiosincrasia de los barrios para 2 de cada 5 personas y que para 3 de 5 individuos el ver personas consumiendo drogas o alcohol en las calles es algo ya naturalizado.

Además, la encuesta nos muestra que la región desaprueba las medidas adoptadas por las autoridades para hacer frente a este tipo de conductas que depredan el espacio público. Por ejemplo, sólo un 11% aprueba las políticas contra los rayados, un 10% las medidas para evitar el abandono de animales en las calles y un 9% las medidas para regular el comercio ilegal.

El tema está en que, si bien el descuido del espacio público es un problema en sí mismo, también puede ser causante de otros males, como de la inseguridad. Y los datos efectivamente revelan que los barrios son percibidos como lugares menos seguros a través del tiempo. En el 2014, un 48% de la región se sentía segura en su barrio, mientras que en el 2018 esta cifra desciende a un 36%. Así, la región a parte de creer que el entorno urbano está descuidado también percibe con mayor intensidad que los espacios públicos son inseguros. ¿Podemos aspirar como región al desarrollo si caminar por las calles de nuestros propios barrios se ha vuelto una peor experiencia?

Es verdad que la región enfrenta importantes desafíos políticos y económicos. No obstante, es igualmente cierto, a luz de la evaluación que hace la ciudadanía, que tenemos como región un desafío mayúsculo relacionado a cómo convertir nuestras ciudades en lugares en que las personas realmente quieran vivir.

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el 9 de diciembre de 2018.