Cuando los números dan

Pedro Fierro Zamora
Director de Estudios

Las recientes declaraciones de Pedro Pablo Errázuriz, presidente del directorio de EFE, han llamado la atención de distintos actores políticos locales. En una entrevista con un medio nacional, el ex ministro daba a entender que le entusiasmaba la idea del tren rápido que uniría Valparaíso y Santiago, pero asegurando al mismo tiempo que los números no le daban. Tratando de profundizar en sus dichos en entrevistas posteriores, quedaba claro que al hablar de “números” no se refería sólo a la rentabilidad social –como en un inicio había dado a entender–, sino también a la viabilidad misma del proyecto.

El problema es que la mirada escéptica del presidente de EFE contrasta con el impulso que se le ha dado a una serie de grandes inversiones en la capital. Esto es especialmente preocupante si consideramos que la ejecución del tren rápido a Santiago nunca ha considerado una inversión por parte del Estado.

Sin embargo, la alusión gratuita que hace Errázuriz a la rentabilidad social nos da una excusa para reflexionar. Los beneficios del proyecto que impulsa TVS ya han sido majaderamente reiterados. Aportaría al traslado más rápido y seguro de carga y pasajeros, fortalecería directamente los sectores del turismo y servicios, ayudaría en la descongestión de los accesos a ambas ciudades, nos encaminaría a la generación de un nuevo polo de desarrollo en la zona central y, por sobre todo, elevaría el rol de los privados en la solución de problemas públicos.

Considerando lo anterior, y dando fe de que los números no dan, urge preguntarse cuántos megaproyectos históricos que terminaron cambiando la historia de nuestro país y de nuestra región no hubiesen podido pasar airosos una evaluación de rentabilidad social.

Pero a estas alturas resulta evidente que el problema no es sólo ese, sino que también un centralismo subyacente que desde hace algún tiempo se ha venido evidenciando en materia de transporte y movilidad. Incluso cuando “los números dan”. En esa línea, un estudio de la Fundación P!ensa, elaborado por Diego Olfos el 2017, destacaba que en la región metropolitana se invertía en trasporte y movilidad cerca de 5,28 veces más que en regiones, cuando su población es sólo 1,48 veces superior. En la misma línea, se recalcaba que, en términos de pasajeros transportados por millón de dólares invertidos, la extensión del metro Concepción era más eficiente que la línea 6 y la extensión de la línea 3 del metro de Santiago en conjunto, aunque no tuvieran la misma prioridad para el gobierno. Lo mismo pasaba con los proyectos de trenes suburbanos, donde los más eficientes estaban en regiones (extensión de nuestro metro a La Calera y la ya inaugurada extensión del Biotrén a Coronel).

En la reciente inauguración de la línea 3 del Metro de Santiago, el presidente Piñera aseguraba que se trabaja en proyectos importantes para solucionar la movilidad a los chilenos. “Vienen las líneas 7, 8, 9 y 10 (¿?)”, sostenía el ejecutivo hace pocas semanas. El problema es que, dado la realidad que se vive en regiones, esas declaraciones representan una bofetada para todas las comunas que aspiran a una inversión considerablemente menor para mejorar la calidad de vida de sus habitantes (un ejemplo de eso lo representa la extensión del Metro Valparaíso hacia La Calera).

En definitiva, no nos preocupa el escepticismo del presidente de EFE porque los números no den –sobre todo considerando que la inversión es privada–, sino más bien por el centralismo que ha imperado en las decisiones de transporte cuando los números sí dan.

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el 17 de febrero de 2019.