El efecto de la desigualdad territorial

Por Ignacio Aravena, Colaborador de P!ensa

Master of Urban Planning NYU.

Gran parte de la discusión actual se ha centrado en cómo una serie de atributos urbanos pueden jugar un papel diferenciador ante la pandemia. Algunos de ellos como pobreza, hacinamiento e informalidad laboral afectan directamente a comunidades de menores recursos.

Por lo general, los indicadores a nivel regional muestran un territorio bajo la media nacional en temas de pobreza y hacinamiento. Sin embargo, un estudio realizado por P!ensa muestra la disparidad entre las periferias y los centros comerciales del Gran Valparaíso, develando potenciales zonas de vulnerabilidad ante el virus. Un ejemplo es el elevado número de campamentos -el mayor del país- y de viviendas sociales en la parte alta de los cerros de Viña del Mar y Valparaíso, donde la oferta de servicios básicos, infraestructura urbana y comercial es menor. Lo anterior es relevante porque, como lo demuestran diversos urbanistas, hacinamiento y bajos recursos es una combinación peligrosa ante el Coronavirus.

La concentración de pobreza, hacinamiento y mala calidad de servicios puede ser explicada por dos motivos. En primer lugar, la mayoría de los campamentos se emplazan en zonas con geografías complejas – muchas veces fuera del límite urbano-, haciendo difícil el acceso a servicios como agua potable y electricidad. Además, en algunos casos, las pendientes y el ancho de las calles dificultan el tránsito de camiones aljibes. En segundo lugar, un gran porcentaje de las viviendas sociales fueron construidas antes del año 2006, donde los requerimientos de metros cuadrados eran menores, propiciando el hacinamiento habitacional.

La dinámica laboral y de movilidad en el Gran Valparaíso dificultan más el enfrentamiento del virus producto de la naturaleza de muchos trabajos. Las familias más vulnerables tienden a desempeñarse en sectores como comercio y construcción, donde el teletrabajo es menos probable. Conjuntamente, los reportes muestran que la informalidad laboral ha crecido en los últimos meses en esos sectores, lo que se suma a una contracción en actividades como comercio minorista. Todo lo anterior genera una menor estabilidad económica y emocional, forzando a las familias a enfrentarse paradójicamente entre salud y economía.

Finalmente, dado el emplazamiento periférico y sus carencias de infraestructura, la necesidad de realizar trayectos largos en el día a día es mayor. Estos viajes, realizados principalmente en sistemas de transporte público, dificultan cumplir con las recomendaciones de distanciamiento social. Por lo tanto, el hacinamiento, en conjunto con las condiciones sanitarias, laborales y de transporte, implican que su nivel de exposición al virus es mayor, y que el confort habitacional para trabajar y poder tener una cuarentena adecuada sigue siendo un lujo para muchas familias.

* Publicada por El Mercurio de Valparaíso el 21 de junio de 2020