El fallo de Sharp

Gonzalo García Cañete
INVESTIGADOR

Es ineludible que, para muchos, el alcalde de Valparaíso es todo un personaje. Para poder comprender eso es necesario mirar atrás algunos hechos. Jorge Sharp, hace ya más de tres años—y en una inédita carrera electoral—, ganó por los palos a todos los contendores de la ciudad puerto en la llamada “primaria ciudadana”. Momento en que, con exactos 28 votos de diferencia, se hizo del poder para representar a la articulación de actores locales que, pretendiendo hacer un simbólico acto de transparencia, pretendían dar un golpe al mentón a la política partidista de la zona.

En ese escenario, Sharp se presentó a las elecciones municipales ganándolas fácilmente. Se enfrentó a un par de candidatos que representaban el establishment y a un personaje público que, más allá de lo “porteño” y buena onda”, poco tenía que ofrecer para el desarrollo de la comuna. Hasta ahí todo iba bien. Ganó y llegó el momento de manejar la toma de decisiones municipales, con puestos claves elegidos a dedo por los partidos políticos que apoyaron su candidatura (porque convengamos que rápidamente quedó atrás aquel conglomerado ciudadano que supuestamente representaba).

Así las cosas, y a pocos meses de tener una nueva elección municipal, nos compete al menos reflexionar a propósito de las recientes polémicas que han sacudido en las últimas semanas a la ciudad puerto. La última de ellas, relacionada con la elección de los directores de colegios. En concreto, cabe preguntarse si Jorge Sharp ha cumplido con lo que prometió. Nada más ni nada menos.

Pero para eso es necesario, nuevamente, hacer memoria. En un documento llamado: “Programa Abierto para un Gobierno Comunal” (probablemente elaborado por el mismo equipo del alcalde), encontramos una batería de 16 ítems. Entre ellos seguridad pública (Valparaíso sin temor), desarrollo urbano (el Valparaíso que queremos) y educación (servicios públicos de calidad e integrados). Cada uno con sus propias propuestas, las que serían la hoja de ruta del gobierno comunal porteño. A la fecha, a cuatro años de su elección, ¿cuánto se ha cumplido de ese programa? Es difícil decirlo a ciencia cierta, pues en su administración escasean los indicadores claros. Sin embargo, podríamos aventurarnos responsablemente a sostener (como buen vecino porteño) que difícilmente se ha cumplido con más de la mitad de las promesas.

Daré sólo tres ejemplos, el alcalde habla de la 1) Alfombra municipal de venta sobre la vereda, para asegurar un uso adecuado del espacio público, evitando saturar el espacio de circulación peatonal, de la 2) creación de Servicio de Vigilancia municipal y vecinal que colabore con Carabineros y la PDI y de 3) Fomentar el empleo de las micro y pequeñas empresas, especialmente las integradas a complejos productivos con ventajas competitivas. Pues bien, luego del 18 de octubre, el trágico chiste se cuenta sólo.

Sincerémonos. No es novedad que un candidato prometa más de lo que cumple, por cierto. Pero llama profundamente la atención aquella dicotomía entre lo que se comunica y se hace en el municipio porteño. Quedan sólo meses para que termine su mandato, pero ya desde el estallido social (ciertamente antisocial en la zona) se terminó renunciando a la gran mayoría de cambios basales que se proponían.

Entonces, dado los antecedentes, ¿cuál es el fallo de Sharp? Muchos probablemente, pero hay un error que sobresale. Vendió una figura ajena al establishment pero que, en su esencia, es completamente partidista. Eso significó que, en pos de la gloria nacional, abandonara su propio programa de gobierno, abandonando de paso a Valparaíso. Reelecto o no, el alcalde Sharp dejará una ciudad destruida (para desgracia de quienes vivimos en el puerto), a la que sumarán una larga lista de promesas incumplidas. Todas las polémicas que hoy resuenan en Valparaíso nos hablan de un alcalde que solo ha escuchado a su propio sequito de seguidores, que son una barrera infranqueable hasta para sus propios colegas municipales. Así las cosas, “Valpo” seguirá muriendo, al menos hasta que alguien se haga cargo verdaderamente de sus problemas (acaso es mucho pedir).

En definitiva, el eslogan “manos limpias” parece haber sido tomado muy en serio por este municipio. “Manos limpias” de propuestas y proyectos. Aséptica de cambios. Recelosas de cumplir con lo que se prometió y que difícilmente se ejecutará. Una tragedia.

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el 3 de mayo de 2020.