El invierno frenteamplista

Por Pedro Fierro
Director de Estudios de Fundación P!ensa

“El Frente Amplio es un pacto electoral exitoso en el que convive un arco que va desde la izquierda histórica más radical hasta gente de derecha”, sostenía hace algunos días Pamela Jiles. Así mismo, destacaba que “al frente amplio debemos ampliarlo, no estrecharlo; debe ser inclusivo, no excluyente; debe acoger, no rechazar; debe abrir los brazos e invitar a la ciudadanía”. “Bienvenidos todos con sus múltiples colores y sus infinitos matices, el FA es su casa”, sentenciaba.

Y, al parecer, bastante razón tiene la diputada. Sus palabras denotan perfectamente el carácter instrumental del conglomerado, insípido e inconsistente. El problema es que esa insustancialidad no es su principal activo, como lo cree la diputada, sino que más bien su gran debilidad. Bien sabemos que la aparente neutralidad a la hora de hacer política es tan ilusoria como peligrosa –muchas desgracias han acontecido en nombre del asambleísmo–. En definitiva, la ambigüedad puede conseguir votos, pero difícilmente podrá alcanzar para dirigir un país.

Pero pese a esto, debemos reconocer que la visión de la diputada no es del todo extraña. Los excelentes resultados electorales que obtuvieron en noviembre pasado explican su postura. Fue una linda batalla ganada. Y bien sabemos que las victorias rápidas pueden llevarnos a la inmovilidad y al estancamiento. “¿Por qué hacernos cargo de decisiones complejas si obtuvimos un 20% de los votos?”, dirán algunos. “¿Para qué pelear por Nicaragua y Venezuela si sin hacerlo obtuvimos 20 diputados?”, argumentarán otros. “¿Para qué debatir en torno al verdadero alcance de los DDHH?” y, en definitiva, “¿para qué desgastarnos en trabajar por una visión de país?”.

Por eso el accionar de Boric parece molestar tanto. Un personaje que pareciera empeñarse en alargar el invierno del Frente Amplio y, con eso, impedir que llegue la primavera, los días soleados y los colores de la hermosa flora local que los harán tender nuevamente al estancamiento. Y es que, si bien los resultados del año pasado los lograron materializar en asientos en el Congreso, el Diputado autonomista comprende que el 20% de las presidenciales no les alcanza. No fue suficiente para Parisi y MEO el 2014 y tampoco para el joven MEO en 2009. Por eso mismo, parece no haber otra alternativa más que pronunciar la tormenta interna –y no sólo externa, como pretende la diputada Jiles–.

En los últimos días, por ejemplo, el Diputado magallánico ya ha reconocido que el estado actual de la revolución bolivariana indicaría que no es el camino que el FA debiese seguir. El problema es que definiciones como esas no sólo implican fortalecer la orgánica interna del conglomerado –como bien señala Boric–, sino que también desafiar a compañeros, comprometer algunas falsas lealtades y, sobre todo, responsabilizarse por las distintas pérdidas que implique el proceso. Y eso es lo más complejo, pues todo lo que la tormenta deje en el camino afectará sensibilidades y comprometerá intereses.

En definitiva, uno de los desafíos que deberá asumir Boric se relaciona incluso con sacrificar ese 20% que tanto les sorprendió alcanzar (el mismo de Parisi y MEO) en pos de ofrecer una alternativa de izquierda seria para Chile. El riesgo es que lo terminen sacrificando en medio de la tormenta. Por el bien de la discusión política, esperemos que eso no pase.

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el 23 de septiembre de 2018.