¿Por qué eliminar el TAG es una mala idea?

Gonzalo García
Investigador

Se han realizado varias manifestaciones por parte del mundo del transporte, Por los cobros, según ellos, abusivos del tag.

Es pertinente indicar que dicha demanda, aunque parezca genuina y legítima, en rigor no lo es. Me explico.

El tag es un dispositivo electrónico que se coloca en el parabrisas de cada uno de los vehículos y está diseñado para realizar cobros por uso de carreteras concesionadas y, de esta manera, mantener lo que se llama “free flow”. En otras palabras, sin este dispositivo tendríamos, cada cierto tramo, casetas de peaje.

Por otra parte, el tag regula el uso de la carretera cuando hay alta demanda de vehículos al igual que el metro que, según el tramo horario, cobra su tarifa. El objeto de esto, cuando el cobro es alto, es incentivar el uso alternativo de transporte u otras vías.

Adicionalmente, el cobro del tag trae asociado prestación de servicios tales como teléfonos de urgencia en caso de quedar en “panne”, atención médica en caso de accidentes o lisa y llanamente, el control de tráfico de la carretera para tener un flujo continuo. Además, se incluye el costo de mantención de la vía en el tramo concesionado. Luego, están desplegados una serie de dispositivos de seguridad vial en los lugares más “peligrosos”, por lo que es lógico que quien paga por esto sea el usuario de estos servicios.

Ahora bien ¿Quién paga más caro? Aquel vehículo que por su envergadura realiza más “daño” a la estructura vial. Es innegable que un camión que pasa muchas veces por una autopista, en el mediano plazo, generará más baches o grietas que un vehículo como el auto. No obstante, el monto del cobro siempre puede ser discutible, lo que no debiera discutirse es que el tag o mejor dicho las concesiones de carreteras, han logrado mejorar sostenida y constantemente los estándares de las vías que unen las ciudades de nuestro país.

Hay otras cosas que debemos considerar, más allá del servicio mismo prestado por las vías concesionadas. El uso del vehículo tiene asociadas varias externalidades negativas que todos absorbemos, sin distinción, por ejemplo, el ruido y la contaminación. Cualquier vehículo a combustión genera esas externalidades y, por lo mismo, sus ocupantes debieran compensar sus dañinos efectos a las personas por medio de una contraprestación.

Como ven, no está mal el uso del tag y sus cobros asociados. Si alguien quiere sacarlos, está pensando solo en sí mismo más que en el bien común. Nadie que pretenda un mejor país podría creer que es una buena idea eliminarlos. Y si así sucede, volveríamos en el corto plazo a esas carreteras noventeras, llenas de baches, en las cuales no se podía ir a más de 100 km/h y en las que cuando uno tenía un problema con el auto, dependía de un buen samaritano que lo ayudara a salir de la complicación.

*Publicado en El Observador el 3 de diciembre de 2019.