Esperando la navidad

Jaime Lindh
Coordinador de Opinión Pública

La educación y salud son áreas claves en el desarrollo humano. Por ello, preocupa que en cinco años la evaluación que ha hecho la región al sistema de salud y educacional no presente mejoras significativas.

El sistema de salud parece sufrir una enfermedad crítica. En el 2014 partió mal evaluado y, tras cinco años, el escenario no muestra signos de recuperación. Quizás el elemento más sensible tiene que ver con la baja aprobación a los servicios de urgencias. En el 2014 sólo un 28% aprobaba su calidad de atención, mientras que en el 2018 un 26%. La foto no es muy distinta a la hora de evaluar los tiempos de espera, ya que su aprobación en el 2014 alcanzó un 22%, mientras que en el 2018 un 20%. Otro elemento delicado ha sido la disponibilidad de especialista: en el 2014 un 22% evaluaba positivamente este aspecto; en el 2018 un 23%.

En educación, si bien el punto de partida es mejor, tras cinco años los datos tampoco muestran síntomas de mejora. El porcentaje de personas que ha evaluado positivamente la calidad de la educación preescolar y básica ha estado en torno al 50%, mientras que la calidad de la educación media ha estado bien evaluada por cerca del 40% .

Frente este escenario, algunos podrían argumentar que al menos desde la región no hay mucho que hacer, dado que son ámbitos de competencias dependientes del gobierno central. Y en realidad esto es cierto. En salud vemos -por un lado- que uno de los principales cambios que necesita el sistema está en fortalecer el rol de los servicios de salud como gestores de red. En la medida que sean los servicios de salud quienes paguen por las prestaciones hospitalarias, los hospitales internalizarán los costos de una mala gestión. Aspecto que hoy no ocurre, puesto que quien paga es Fonasa. Así, es evidente -plantearían algunos- que el cambio por su magnitud debe venir desde el gobierno central, es decir, desde arriba. En educación -por otro lado- el escenario es parecido. De hecho, estos últimos años lo vivimos. Fue el gobierno anterior quien impulsó un conjunto de reformas que cambió el tablero en educación básica y media de todas las regiones del país. Se reformuló el sistema de admisión escolar, se eliminaron los colegios subvencionados y se crearon los Servicios Locales de Educación para su administración.

Entonces, ¿la región realmente no tiene nada que decir respecto a estas dimensiones claves para la calidad de vida de sus habitantes? La inercia regionalista que espera tranquilamente como el gobierno central configura la prestación de servicios vitales para las personas probablemente no ayudará a cambiar las tendencias que hemos vistos en la Encuesta P!ensa18. Más aún, si consideramos que los desafíos están precisamente en mejorar la gestión intermedia de los servicios. Esperemos que las autoridades regionales asuman el liderazgo político de empujar los cambios que la región necesita. A fin de cuentas, ya no es posible esperar pacientemente esa especie de navidad que ocurre cada 8 o 12 años cuando al gobierno de turno le surge la voluntad de entregar millonarios recursos a la región.

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el 16 de diciembre de 2018.