El futuro de las ciudades

Francesca Zaffiri
Investigadora

“¿Cómo queremos vivir?” nos pregunta Guillermo Peñalosa en sus reconocidas charlas, para hacernos reflexionar sobre la planificación inclusiva de las ciudades. Su visita a Chile no fue diferente a las realizadas en países como Canadá o Dinamarca. No obstante, provocó que esta interrogante, por abstracta que parezca, visualice la tensión existente entre usted, yo y el foco con el que se han construido las ciudades. Ha relevado la deshumanización de la ciudad como problema público.

El sueño de la casa propia ha sido por décadas el paragua de acción de la cartera de vivienda y urbanismo. La creación de subsidios y créditos han facilitado que los chilenos logren esta meta. Sin embargo, pareciera que, junto con tener una casa, se comenzaron a sedimentar manzanas, barrios, ciudades, provincias y regiones cuya conexión principal se basa en un elemento constitutivo de la independencia contemporánea: el automóvil, símbolo del progreso y bienestar.

A partir de ello, es cada vez más evidente que la visión que tenemos de la ciudad va de la mano con la forma que nos movemos en auto. Seamos sinceros. Es improbable que una persona, teniendo la posibilidad de comprar un auto, elija usar transporte público. Por lo tanto, se desarrolló una rutina en la que utilizamos el hogar como un lugar recreacional y el automóvil como el principal conector territorial. ¿Qué elemento queda afuera de esta ecuación? El espacio público, un lugar que, por antonomasia, ha sido usado por los seres humanos para hacer algo tan simple como interactuar con otros.

Si hace dos décadas lugares como las plazas, parques y calles eran espacios de encuentro e identificación con la comunidad, actualmente éstos son símbolo del abandono y segregación. Porque si, tal y como lo plantea el reconocido urbanista, no es posible que un adulto mayor, un niño y una persona con discapacidad convivan en éstos espacios, entonces nos vemos enfrentados a un problema de diseño de política pública, porque la infraestructura de las ciudades resulta ser un incentivo negativo para que la vida en comunidad se desarrolle. Por lo tanto, concebir el diseño de las ciudades del futuro implica que re pensemos en el rol que tiene el espacio público en la vida de las personas.

La realidad no está lejos de esta reflexión. Distintos estudios, como los desarrollados por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, apuntan a un resultado: la calidad de vida de las personas en las ciudades es cada vez menor. Las veredas y calles, que son el cordón umbilical de las ciudades, son las peores evaluadas. Y cómo no, si las ciudades se han diseñado para que circulen más de cinco millones de automóviles, en contraste con las calzadas que, en el último tiempo, han sido tomadas por el comercio ilegal, la basura y los rayados.

Quizás el ejemplo que mejor ilustra este último punto lo encontramos, paradójicamente, en nuestra ciudad patrimonio de la humanidad: Valparaíso. Al respecto, en fundación P!ensa acabamos de lanzar la quinta versión de nuestra encuesta de calidad de vida regional. Los resultados del estudio indican que el espacio público está perdido. Es cada vez más frecuente que las personas presencien en sus barrios una mala calidad de las calzadas, la existencia de sitios eriazos abandonados y el consumo de drogas en la vía pública. “No pases por ese terreno” “en esa vereda asaltan” o “no vayas a la plaza” son frases que a diario nos recuerda este diagnóstico. Por lo tanto, no sorprende que solo una de cada cuatro personas se sientan seguras en las calles de su barrio.

Es así como cabe preguntarse si estamos preparados para construir el futuro de las ciudades. Si hoy el desafío es devolver los espacios públicos a la ciudadanía, el de mañana será llevar a cabo ciudades que sean amigables con la pluralidad de personas, ya sea alguien con discapacidad, un niño, o un adulto mayor. Este último es de especial relevancia debido a que, en treinta años, Chile será un país con una población envejecida. Así pues, actualmente estamos siendo espectadores de un paulatino cambio de paradigma: desde el diseño de ciudades en torno al medio de transporte, hacia uno que gira en torno a las personas. Este cambio de enfoque es fundamental, porque pensar en cada uno de nosotros significa pensar en la diversidad y en la integración.

El gobierno en turno ha logrado tomar en cuenta este nuevo paradigma para convertirlo en realidad. Distintas iniciativas están comenzando a ilustrar este cambio: el programa de ciudades inteligentes de Cecilia Morel, el futuro cambio de nombre del MINVU al Ministerio de la Ciudad y Vivienda y el proyecto de ley de integración social ponen el foco en las personas para construir ciudad y calidad de vida. El gran desafío que vendrá será que las políticas públicas en esta materia sean implementadas con éxito. Para lograrlo, es clave pensar en la gobernanza de las ciudades, en donde pasemos desde una lógica top-down a una bottom-up a la hora de pensar e implementar estas políticas. Así, se generarán lugares en los que usted y yo podamos interactuar en espacios de comunidad.

*Publicada en El Líbero el 15 de diciembre de 2018.