El gobierno de los mejores

Pedro Fierro
Director de Estudios

En agosto de 2013 visitaba nuestro país James Robinson, economista y profesor de la Universidad de Chicago. Por aquel entonces, su diagnóstico sobre Chile era claro. Reconocía que éramos un caso único de éxito en Latinoamérica, pero advirtiendo nuestros serios problemas de inclusión, los cuales, a su parecer, debían ser solucionados urgentemente. Entre otras cosas, el académico británico denunciaba que la mitad de los presidentes de las 100 compañías más grande del país habían salido de 5 colegios. De la misma forma, evidenciaba que el 86% de los ministros del entonces Presidente Sebastián Piñera -quien estaba terminando su primer mandato- venían de sólo cuatro establecimientos educacionales.

Volviendo a nuestros días, debemos reconocer que la sensación de agobio frente a los hechos de las últimas semanas es evidente. Muchos de nosotros no hemos sido capaces aún de leer las diversas aristas involucradas en el conflicto que seguimos viviendo. La humildad, entonces, nos obliga a reconocer nuestra propia perplejidad. Sin embargo, las críticas que hace seis años hiciera James Robinson pueden ciertamente ayudarnos a identificar algunos problemas.

Poco tiempo después de aquella visita, el economista se volvía a referir a nuestro país. En esa oportunidad, declaró que la naturaleza oligárquica de nuestra sociedad nos podía condenar al estancamiento. En entrevistas con diversos medios nacionales, opinaba que este problema no iba a ser resuelto por un cambio constitucional -otra pista interesante-, sino más bien por la reinvención profunda de la clase gobernante.

¿No será esa la oportunidad que tiene el Presidente Sebastián Piñera con la elección de un nuevo gabinete?

Aunque la naturaleza oligárquica denunciada por Robinson es ciertamente una realidad social que afecta a todo Chile, lo cierto es que se ha vuelto especialmente patente en los gobiernos de derecha. De alguna u otra forma, las dos administraciones del Presidente Piñera han francamente evadido el problema, normalizándolo de diferentes formas. Para ser justos, debemos reconocer que en su segundo mandato se notó una preocupación especial por mejorar la foto de su gabinete (en términos de género, por ejemplo), pero aún así existían situaciones propias de nuestra problemática cultura. El aspecto territorial, por ejemplo, era una de esas aristas. Todos los ministros nombrados por el Presidente Piñera el 2018 habían estudiado su educación superior en la capital. Esto, que para nosotros parece ser un hecho de la causa, es una situación bastante anormal en cualquier democracia consolidada. ¿Se imagina que todos los ministros españoles viniesen de Madrid? ¿O que todos los ministros británicos hubiesen estudiado en Londres? ¿O que el ejecutivo estadounidense prescinda de las universidades de Boston a la hora de armar su gabinete?

La hermética clase dirigente local ha devenido, lamentablemente, en una disociación que ya ha sido denunciada por varios. Los ciudadanos se sienten competentes como para participar de las discusiones públicas, pero al mismo tiempo perciben que el sistema les es impenetrable. En otras palabras, sienten que la institucionalidad no responde ante sus demandas y que las estructuras de poder son más bien lejanas y distantes. Por la misma razón, a estas alturas es evidente que las palabras del ministro Fontaine -invitando a los trabajadores a madrugar para pagar menos- causaron más molestia que el aumento de 30 pesos en la tarifa del metro. No son sólo las condiciones materiales las que incomodan, sino también esa profunda sensación de desconexión.

Entonces, el Presidente tiene la opción de mostrarnos una foto inédita. Quizás desafiar el relato con que gobernó en su primer mandato, demostrándonos a los chilenos que para hacer el «gobierno de los mejores», será necesario salir a buscarlos a distintas comunas, distintas universidades y, ciertamente, a distintos colegios.

*Publicado en El Mercurio de Valparaíso el 28 de octubre de 2019.