HISTORIA, RESPONSABILIDAD Y DESCENTRALIZACIÓN FISCAL

De vez en cuando, nos topamos con momentos históricos de los cuales depende verdaderamente el alcanzar o no el anhelado desarrollo. Puede ser que en la actualidad estemos viviendo uno y cuando esto sucede no queda más que asumir el desafío y actuar con una responsabilidad inconmensurable con Chile.

Cuando los habitantes de regiones escuchamos las intenciones presidenciales de alcanzar una descentralización efectiva, es simplemente imposible no sentir una ilusión genuina, pero a la vez es impensado no mirar con recelo los anuncios que en reiteradas ocasiones han terminado con nuestras expectativas por el suelo.

Durante estos días se discute en una comisión presidencial las diferentes propuestas que nos permitirán alcanzar la descentralización fiscal. Respecto de esto, y con el objetivo de que nuestras ilusiones no terminen una vez más en una simple quimera, es que hemos buscado aportar con al menos tres puntos que nos lleven a un debate responsable.

Primero que todo, no necesariamente debemos tener miedo de fortalecer el carácter unitario del sistema que nos rige. Lo mencionamos bajo el convencimiento de que ésta no es precisamente la piedra de tope para descentralizarnos. En este sentido, puede ser perfectamente sensato apostar por un sistema de recaudación y fiscalización centralizado, sobre todo considerando las dificultades locales para llevar a cabo estas tareas.

En un segundo lugar, el foco de una eventual reforma podría estar volcado a la redistribución y optimización de los ingresos públicos. El objetivo seguiría siendo aumentar la participación del gasto subnacional respecto del nacional, pero prescindiendo de una variable importante: el aumento de impuestos.

Finalmente, creemos que los territorios deben tener una participación real en la elaboración, defensa y justificación de los presupuestos sectoriales. Hoy en día las presentaciones de las autoridades locales frente a los ministerios se han vuelto meramente testimoniales y, para poder revertir esta situación, necesitaremos intendentes soberanos con equipos de soporte que cuenten con las capacidades y competencias respectivas.

El debate que se nos presenta durante estos días será decisivo para el futuro mediato de nuestro país y en momentos así debe primar el diálogo, el respeto y el amor por Chile. Quienes tendrán la facultad de escoger el camino que seguiremos deben considerar que todo poder viene dado con un gran grado de responsabilidad, no entenderlo sería simplemente defraudar a la totalidad de los chilenos.