En la ciudad de la furia

Por Jaime Lindh
Coordinador de Opinión Pública Fundación P!ensa

La distancia del individuo con lo público es un tema recurrente en la discusión académica.  Si bien depende finalmente de cada persona la decisión de interactuar o no, hay condiciones que ayudan a la sociabilización. Entre aquellas está –por supuesto- el espacio público, aquel lugar de encuentro con otros. Ahora bien, ¿cómo percibimos este espacio público en la región de Valparaíso?

Las noticias no son muy alentadoras. La Encuesta de Calidad de Vida P!ensa18 muestra que la ciudadanía cree que estos lugares están descuidados. En primer lugar, la región percibe que están mal equipados. Por ejemplo, un 69% desaprueba la disponibilidad de baños, un 60% rechaza la calidad de las calles y un 49% los basureros. En segundo lugar, la región piensa que los espacios públicos están cooptados por incivilidades, como son la presencia de animales abandonados (71%), el consumo de alcohol y drogas (56%), la acumulación de basura (49%) y propiedades rayadas (44%). Frente a estos problemas, ¿cómo la región evalúa las medidas adoptadas por nuestras autoridades? Con mucho escepticismo: sólo un 15% aprueba las acciones para evitar rayados, un 8% la regulación al comercio ilegal y un 7% las políticas para disminuir el abandono de animales.

Al considerar también que la encuesta P!ensa18 muestra una menor sensación de seguridad en las calles y una peor evaluación al sistema de transporte público, el estudio revela que los individuos están actualmente en conflicto con la ciudad: la sienten insegura, descuidada y de difícil andar. Por lo tanto, al momento de diseñar soluciones al problema de la disociación del individuo con lo público, quizás sería fundamental partir pensando en las plazas, los barrios  y – en definitiva-  en nuestras ciudades.

*Columna publicada en El Mercurio de Valparaíso el 3 de diciembre de 2017