La gran oportunidad del gobernador regional

Francesca Zaffiri
investigadora

Pocas dudas quedan de que el próximo año marcará un hito en la historia de nuestro país. El 2020 se verá definido no solo por las elecciones municipales y de concejales, sino que, por primera vez, elegiremos a los gobernadores regionales. Los ciudadanos tendremos la posibilidad de votar por la persona que representará a las regiones ante el poder central. Ciertamente, estamos ante el inicio de un proceso político lleno de oportunidades y desafíos.

Sabemos que los comicios regionales han suscitado posturas a favor y en contra. Porque si bien la elección de gobernadores estrena una nueva etapa en el proceso de descentralización del país, no ha estado exenta de críticas. Las competencias que tendrán, el gasto electoral que podrán usar en sus campañas y el mecanismo de resolución de conflictos entre los niveles de gobierno han sido argumentos para atrasar la elección. No obstante, el principal motivo por el que el gobernador regional causa conflicto en la élite política puede deberse al hecho de que éste será una nueva figura en el tablero de ajedrez que significa la política. Habrá un cambio en las dinámicas existentes para llegar a los cargos de elección popular, facilitando la oportunidad para que políticos locales tengan, ahora, mayores oportunidades de hacerse conocidos a nivel regional. En el largo plazo, esto genera el incentivo para que puedan tener ambiciones a postular a cargos de elección nacionales, abriendo así una nueva forma de llegar a piezas del juego tan sustantivas como ser parlamentario.

Si no más importante, los gobernadores regionales tendrán la oportunidad de potenciar el debate público. Por la naturaleza de su cargo, si actualmente un intendente le debe rendir cuentas al presidente de la república, a partir del 2021 el gobernador regional deberá hacerlo a su electorado. Esto es clave, puesto que se abre una segunda ventana de alternativas. Ahora que los gobernadores tendrán la responsabilidad de dar solución a los problemas socioeconómicos presentes en sus territorios, podrán instaurar una agenda pública regional que no se ha tenido la chance de ver con anterioridad. Así, éstos problemas llegarán a la agenda pública nacional, otorgándole mayor heterogeneidad territorial a las prioridades del país en áreas tan relevantes como el desarrollo.

Si a ello le añadimos la conocida crítica que sostiene que no se encuentran las competencias necesarias para ejercer el cargo, entonces visibilizar los problemas y llevarlos a los espacios de tomas de decisiones es un gran incentivo a la hora de que el gobernador solicite que se le transfiera una competencia para que sea administrada en región.

Para lograrlo, es de suma relevancia que en el período eleccionario que se avecina, los candidatos a gobernadores se presenten con un programa de gobierno. Si bien es requisito que quienes participen cumplan con la normativa de la elección –que haya renunciado al cargo público que ejerció previamente, o que tenga residencia en la región por la que compite-, uno de los grandes desafíos es que se presenten con ideas a disputar.

Visión, iniciativas y objetivos son sólo algunos elementos que deberán contemplar en el diseño de su programa para, así, fortalecer la calidad de la elección. Con un real proyecto en mano, los candidatos deberán ganarse el puesto a gobernador de una manera programática y así gobernar en provecho de las necesidades de sus territorios. A partir del próximo 25 de octubre, comienza oficialmente la carrera para velar por el desarrollo integral de las regiones.

*Publicada en El Libero el 20 de octubre de 2019.