La ley del más fuerte

Francesca Zaffiri Suzarte
INVESTIGADORA

Ante el reciente anuncio de que se invocará la ley de seguridad del Estado por impedir la rendición de la PSU, la ACES declaró “no tener miedo” y diversos grupos han indicado que las movilizaciones se intensificarán. Si bien a estas alturas este tipo de actos son poco novedosos, dejan entrever que nos estamos acostumbrando cada vez más a entender la violencia como un medio de expresión válido.

Esta acción es ciertamente peligrosa. El boicot a la PSU no puede ser entendido si no vemos el contexto en el que estamos, pues el momento constituyente nos está mostrando una serie de aristas. Una de las más importantes es el hecho de que distintos grupos no están respetando nuestras normas básicas de convivencia. Porque impedir a un alumno, independiente del motivo, que realice su prueba de admisión universitaria es reprimir desde su libertad de circulación hasta de reunión. Estorbar una manifestación pacífica con barricadas y enfrentamientos es una represión a la libertad de expresión.

Con estos hechos, podemos llegar a creer que algunos están invalidando el hecho de que no hay democracia sin pluralidad. La existencia de distintas ideologías, diferentes partidos políticos, diversas demandas, entre otros, es constitutivo de un sistema democrático. El primer pacto en nuestro sistema es aceptar que hay personas que piensan diferente a uno y, por lo mismo, respetar esta pluralidad significa que podemos defender nuestras convicciones bajo las mismas reglas.

Esto es clave, porque en abril seremos partícipes de una de las elecciones más importantes de nuestro país. No solo porque se abre la posibilidad a crear una nueva Constitución, sino porque además se va a poner a prueba nuestra real capacidad de limitar la violencia, respetar nuestra institucionalidad y las decisiones colectivas. Ante esto, ¿cuál es el límite de nuestros actos en sociedad?

La desobediencia civil que estamos viviendo indica que no todos tienen claro este límite. El boicot a la PSU se une al listado de violencias que nos están mostrando que los mecanismos institucionales no están siendo respetados por todos. Distintos sectores argumentan que estas acciones son necesarias para llevar a cabo las reformas que las movilizaciones han logrado poner en la agenda, mas, lamentablemente, terminan instrumentalizando la violencia para legitimar sus ideas.

Ante esto, si un grupo de secundarios logra que sus compañeros no rindan la PSU, llaman a más movilizaciones y exigen en vez de dialogar, ¿qué reacción habrá ante el futuro resultado del plebiscito de abril? ¿Qué ocurrirá si es que se rechaza crear una nueva Constitución? Quienes dan por hecho que ganará el “apruebo” no están tomando en cuenta que la violencia, como acción de cambio, está deslegitimando cada vez más el momento constituyente.

Si a ello le añadimos el aire setentero que entrega la historia de la familia de Victor Chanfreau con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, ¿seguiremos viendo fantasmas revolucionarios de un pasado que algunos buscamos no repetir? ¿Llegaremos a posiciones tan extremas, que el diálogo y la pluralidad serán amenazadas por la agresión? En resumen, ¿cómo podremos dialogar sobre las reglas que nos van a definir como sociedad para crear una nueva Constitución?

*Publicada en El Líbero el 11 de enero de 2019.