La oportunidad del IVA

Maximiliano Duarte
investigador

El actual debate sobre la modernización tributaria se ha centrado en lo favorable que sería esta para las pymes. A juzgar por las declaraciones de las autoridades, pareciera que los únicos incumbentes en el debate son las empresas. No obstante, un análisis somero de las fuentes de ingresos fiscales es suficiente para percatarnos de que las personas naturales juegan un rol fundamental que muchas veces desconocen. Me refiero al pago del IVA.

Este gravamen, que consiste en un recargo del 19% del precio final de un bien o servicio, representa un trozo importante de la torta que el Estado se encarga de repartir. De acuerdo a la OCDE, el IVA constituye más del 40% del total de los ingresos tributarios del país. Por lo mismo, una discusión plena debiese considerar esta dimensión, subrayando la relevancia de los ciudadanos en la conformación del erario público.

Una medida que apunta en esta dirección, pero que aún no capta la atención de los medios, consiste en separar el IVA en las boletas. La diferenciación de este dato permitiría mostrarles a los consumidores, de forma clara e inmediata, que su contribución a las arcas fiscales es significativa.

En esta misma línea, un reciente estudio de Libertad y Desarrollo (“La progresividad de los impuestos”) sugiere que el aporte individual de las personas por este ítem bordea el 13,5% de sus ingresos líquidos. Esto significa que un trabajador que percibe un sueldo líquido de $400 mil, paga $54 mil por concepto de IVA. Sin embargo, lo más probable es que nadie esté consciente de ello.

En lo que llevamos de siglo se han presentado al menos tres proyectos de ley con esta finalidad –separar el IVA en las boletas–, los cuales no han sido aprobados por una razón práctica y sensata. En concreto, se ha estimado que sería contraproducente exigir que cada vendedor haga este desglose, ya que esto supondría que un gran número de ellos tengan que hacerlo manualmente, ralentizando el flujo comercial. Ahora bien, la nueva legislación contempla el uso obligatorio de boletas electrónicas y, en este contexto, sería una máquina la encargada de efectuar la operación, con lo cual este problema desaparecería.

A raíz de lo anterior, el escenario actual es propicio para retomar esta iniciativa. Quizás un mejor acceso a la información promueva un mayor interés de la personas en los asuntos públicos. O quizás no. Sin embargo, atendiendo a los bajos índices de participación ciudadana en los procesos políticos, toda idea que potencialmente tenga la virtud de revertir esta tendencia debiera ser bienvenida.

*Publicada en El Mostrador el 4 de octubre de 2019.