Las luchas por Viña

Pedro Fierro Zamora
Director de Estudios de Fundación P!ensa

Como se ha señalado en este mismo medio, las estimaciones iniciales hablan de un déficit municipal de al menos 13 mil millones de pesos en Viña del Mar. Sumado a eso, el deterioro de la ciudad jardín ha sido uno de los temas que ha copado la agenda local y nacional. No hay dudas de que este 2018 no empezó nada de fácil para el edificio de calle Arlegui.

Entendiendo la complejidad de ambos temas –déficit millonario y deterioro– podríamos establecer como máxima que, aunque muchas veces genere dolor, el desequilibrio puede llegar a generar consecuencias positivas, sobre todo pensando en una organización que cada 4 años descansa en la tranquilidad del apoyo popular.

Sin embargo, para estar a la altura del conflicto, es necesario identificar primero cuáles son los valores que existen tras las intervenciones que nos remueven del peligroso “status quo”. Y por valores no nos referimos a su acepción axiológica, sino simplemente a la identificación de aquellos elementos que son importantes para los distintos actores de este sistema comunal en un momento determinado. Hablamos de aquello que se quiere proteger, del móvil. Hablamos de la necesidad de entender las relaciones y las preocupaciones de los participantes en el debate; los intereses, las lealtades y los miedos de todos quienes se juegan algo en esta pasada.

Es evidente que el déficit municipal y el deterioro de la ciudad representan dos desafíos distintos, aunque también se podrían leer sensatamente como meros síntomas –y vaya qué graves síntomas– de una problemática mayor que es subyacente. Entendiendo ambos problemas como un todo, parece indudable que en varios actores ha primado un genuino interés por la ciudad, propio de cualquier buen vecino viñamarino –como han declarado Iván Poduje y el profesor Squella–. Sin embargo, no hace falta ser muy suspicaz para identificar que el genuino interés no representa el único valor en juego. Por lo mismo, sería un grave error no leer el poder del edificio consistorial como uno de los elementos movilizadores, tanto de aquellos que se niegan a perderlo como aquellos que se esmeran por ganarlo. El gran problema es que, dependiendo de los valores presentes en el sistema, se hará más o menos probable la posibilidad de un diálogo generativo, de esos que impulsan cambios y nos llevan al progreso.

Si lo que está en juego es el poder del municipio, el debate será combativo y se insistirá en que uno u otro tiene la razón. Si lo que está en juego es la calidad de nuestra ciudad, el diálogo será colaborativo, y trabajaremos juntos por llegar a un acuerdo.

Si lo que está en juego es el poder del municipio, argumentaremos en base a nuestros supuestos, sin siquiera cuestionarlos. Si lo que está en juego es la calidad de nuestra ciudad, desafiaremos ciertas (pseudo) lealtades, protegeremos las voces discrepantes y asumiremos nuestras propias pérdidas en pos de buscar una solución común.

Si lo que está en juego es el poder del municipio, sólo queda esperar que después de este debate los ciudadanos no se vean perjudicados aún más por decisiones sesgadas y cortoplacistas. Si lo que está en juego es la calidad de nuestra ciudad, en Fundación P!ensa ofrecemos toda nuestra colaboración en la búsqueda de soluciones (quizás un poco más dolorosas para algunos) que lleven a Viña del Mar a ser una de las mejores comunas de Chile.

*Publicado en El Mercurio de Valparaíso el 8 de abril de 2018