LEY CORTA SOBRE PRESIDENCIA DE LOS CONSEJOS REGIONALES: EL CENTRALISMO ESTÁ EN LOS DETALLES

El Refrán “el diablo está en los detalles” revela que el éxito de toda empresa humana descansa en el bien hacer las cosas pequeñas, aquellas que a priori parecen no tener relevancia. Así como el Cachudo, muchas veces en nuestro país, el centralismo se esconde tras grandilocuentes discursos y proyectos, en pequeñas normas y propuestas, que denotan el arraigado y no declarado espíritu concentrador de nuestras autoridades. La denominada ley corta sobre presidencia de los consejos regionales, que a primera vista no tiene gran importancia, es un buen botón de muestra.

El año 2009 la Constitución estableció que el Presidente del Consejo debe ser elegido por y de entre los consejeros. El 2011 el gobierno buscó, dentro de otras materias, implementar tal modificación a través del proyecto de ley sobre fortalecimiento de la regionalización (b. 7963-06). El 2014 algunos consejos aplicaron directamente la Constitución y eligieron a sus presidentes, pese a que el boletín 7963-06 se encontraba en trámite y tales autoridades no tenían regulación legal. El 23 de marzo de 2014 el Contralor dictaminó dándoles la razón a dichos consejos. El 8 de abril de este año el gobierno presentó esta “ley corta” (b. 9294-06) con el objeto exclusivo de regular las funciones y atribuciones de los presidentes de los consejos. Ya fue aprobada por la Cámara de Diputados y el martes 6 de mayo debería ser votada en particular por la Sala del Senado.

¿Dónde se esconde el centralismo?

Primer detalle: ley corta. Se da esta denominación a aquellas iniciativas que pretenden una tramitación exprés. Tal celeridad, aparentemente positiva, esconde imposibilidad de deliberación seria. ¿Por qué la falta de tiempo para las regiones? No es por el dictamen de Contraloría, como argüirán algunos centralistas, sino porque el original proyecto que regulaba la materia (b. 7963-06), ahora “ley larga”, duerme -con esporádicos despertamientos- desde 2011 en el Congreso. Tiempo ha habido y de sobra.

Segundo detalle: votación pública. El mensaje propone que la elección del Presidente sea en votación a viva voz. Si bien la Cámara dispuso el secreto, el Senado se inclina por la publicidad. La votación debe ser secreta, con el objeto de evitar que los consejeros, electos democráticamente, se transformen en cajas de resonancia de los partidos, cuyas cúpulas decidoras se encuentran en Santiago, dado que la publicidad permite el control del voto.

Tercer detalle: urgencias. La iniciativa permite que el Intendente priorice las tablas del consejo a través de peticiones de urgencia. Tal como eventualmente propondrá el Senado, aquella facultad requiere un contrapeso, debiendo permitirse que el Consejo rechace tal petición con un quórum calificado de dos tercios de los consejeros en ejercicio.

Finalmente, consideramos que el proyecto debe solucionar expresamente la eventual controversia en torno a la validez de los actos realizados por los presidentes de consejos electos con anterioridad a la publicación de la ley, a través de la incorporación de una disposición transitoria.

Esperamos que estos detalles sean resabios de un centralismo en retirada.