El límite de la barbarie

Por Francesca Zaffiri Suzarte

Investigadora en Fundación P!ensa

En Valparaíso nos estamos acostumbrando cada vez más a ser espectadores de la violencia. El reciente apagón ocurrido en varios cerros de la ciudad es un hecho que a pocos les sorprende, principalmente porque como dicen algunos vecinos “estaban haciendo barricadas”. Pues claro, quienes vivimos en los cerros porteños observamos con desdén que, aún estando en cuarentena, las barricadas siguen ocurriendo con regularidad.

Y es que los problemas no cesan. En esta ocasión, estos actos parecen ocurrir ante la insatisfacción por la entrega de las cajas de alimentos del gobierno. Antes de ello, ocurrían porque no había medidas para proteger a las personas ante la crisis económica. Previo a ello, el motivo parecía ser la inseguridad social, y así, sucesivamente, vemos una serie de causas cuyo mecanismo de acción no es simplemente una barricada, sino un acto de violencia e irracionalidad. Porque si bien los problemas a los que nos enfrentamos son ciertamente válidos, parece ser que estamos cada vez más acostumbrados a ver la violencia como un mecanismo legítimo de presión.

Puede ser iluminador recordar que Valparaíso fue una de las ciudades más afectadas con el estallido social. Vimos como todas las semanas había barricadas y desmanes en avenida Ecuador y en otros sectores del puerto, logrando deprimir el comercio local, destruir el patrimonio y deteriorar la convivencia. Ciertamente fue un nivel de violencia difícil de controlar, principalmente porque fue un tipo de protesta más compleja, en la que ya no se salía a la calle para poder negociar, sino para expresar la rabia. Junto con esta presión callejera, se llevaron a cabo una serie de promesas legislativas que intentaron aplacar estas agresiones. Y con esto, dejamos que la violencia lograra entrar en la convivencia democrática.

Luego llegó la pandemia y con ello una “calma relativa”. O quizás no tanto, porque en Valparaíso seguimos siendo testigos de estos actos. Desde hace unas semanas hemos vuelto a ver barricadas en los cerros, hurto de cajas de alimentos y protestas, que pocas novedades nos traen, porque en la ciudad puerto no solo está instalada la imagen de la violencia como parte del ideario colectivo, sino que parece ser que pasó a ser casi una condición sine qua non. Una expresión de resentimiento que pone en riesgo nuestra convivencia democrática, porque acostumbrarse a ver estos actos de imposición ha terminado por relativizar el peligro inminente que contraen ¿cuál es el límite de la violencia para coaccionar medidas políticas? Y si tomamos en cuenta la votación que ocurrirá esta semana en el Congreso ¿qué ocurrirá si se rechaza el proyecto para retirar los fondos de las AFP? ¿Veremos nuevamente las calles de Valparaíso en fuego?

* Publicada por El Mercurio de Valparaíso el 15 de julio de 2020