Los otros olvidados

Pedro Fierro Zamora
Director de Estudios de Fundación P!ensa

A raíz de la crisis medioambiental de Quintero y Puchuncaví, los rectores de la UTFSM, de la PUCV y de la UPLA han puesto sobre la mesa –a través de este mismo medio– la necesidad de tomarse en serio el rol que pueden y deben tener los planteles universitarios a la hora de solucionar estos problemas públicos. En sus declaraciones, se recalcan las competencias y posibilidades que tienen estas organizaciones, sugiriendo al mismo tiempo un desaprovechamiento de éstas.

Tal como plantean los rectores, el debate sobre el rol de las instituciones de educación superior en el desarrollo territorial no es asunto baladí. Sin ir más lejos, la triangulación efectiva entre gobierno, privados y academia ha sido debidamente promovida por distintos agentes internacionales, sobre todo considerando las exacerbadas diferencias territoriales de nuestro país. Es en función de eso que me permito aportar dos reflexiones.

La primera se relaciona con asumir la complejidad del problema (incluso desde la propia universidad). Hace pocos años el Banco Mundial elaboró un informe sobre el rol de la educación superior en el desarrollo de las ciudades. Focalizándose particularmente en la región del Biobío, señalaba que “en Chile no hay una tercera misión explícita o tarea de desarrollo regional asignada a instituciones de educación superior”. Más que a la vinculación con el medio, el reporte parece referirse a la ausencia de lo que años antes los académicos Boucher, Conway y Van der Meer entendían como “la existencia, creación y fortalecimiento de vínculos formales e informales” entre las instituciones y sus territorios.

Si analizamos la experiencia comparada, nos daremos cuenta rápidamente de algunas situaciones que podrían explicar estas dificultades. En Alemania, por ejemplo, los fondos públicos de las universidades locales son distribuidos desde sus Estados Federados. Algo similar sucede en España, donde las Comunidades Autónomas son las encargadas de financiar parte importante de la educación superior pública presente en sus zonas. En Chile, en cambio, los incentivos parecen no estar correctamente puestos, debido a que los principales fondos de investigación dependen, en general, de los distintos órganos centralizados del MINEDUC (¡vaya que la descentralización importa!).

Ahora bien, la fuente de financiamiento no es el único punto relevante en la discusión. Por lo mismo, en el Reino Unido (estado unitario) se ha ido fomentando en los últimos 20 años distintos fondos especiales destinados a proyectos de impacto local, alentando y recompensando a las instituciones en pos de mejorar su interacción con la industria de los negocios y de los servicios públicos. ¿Podríamos fortalecer este tipo de fondos en Chile?

Por otro lado, la segunda reflexión se relaciona con el riesgo de monopolizar una discusión esencial para el desarrollo de nuestra región. De una u otra forma, las palabras de los rectores parecen acentuar el rol público de las instituciones que representan, particularmente por el carácter que se les atribuye a ellas (y no a otras) en nuestro país. El problema es que, quizás inconscientemente, esa visión podría llevarnos a prescindir del rol público que cumplen una serie de otras instituciones privadas, en particular aquellas que ofrecen carreras no universitarias.

Pese a que los factores que determinan el grado de arraigo local pueden ser diversos, el análisis de países como Finlandia, Reino Unido, Alemania y España ha llevado a algunos autores a sugerir que las instituciones vocacionales (es decir, IPs y CFTs) son los que alcanzan un mayor grado de identidad con la zona en que se encuentran. Por lo mismo, el verdadero valor público de los planteles debiese estar más bien medido por el aporte real que hagan a su entorno, independiente de su condición.

En resumen, parece necesario pasar desde una concepción de la universidad como mera fábrica de conocimiento (quizás debidamente relacionada con el medio) a otra que apunte a instituciones basalmente comprometidas con el desarrollo territorial. El desafío será de todos.

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el domingo 8 de octubre de 2018.