Los trolebuses y su complejo futuro

Gonzalo García
Investigador

Me gusta el trolebús como medio de transporte, lo tomo todas las mañanas en Avda. Argentina después de ir a dejar a mis hijas al colegio. Su vaivén, la cortesía de sus choferes, el poco ruido que traen, la velocidad en que se mueven es precisa y agradable. Si uno toma el trole, sabe que la vida no corre peligro y la hora en que llegará a destino. ¡Vaya maravilla de transporte!

Los he tomado en todas sus formas y modelos: Los articulados (ya no hay ninguno de esos circulando), los famosos Pullman patrimoniales (el 814, extraordinario y hermoso) y los modernos modelos suizos que fueron dados de baja en ese país y que nosotros adquirimos como gran novedad hace algunos años para actualizar la flota (son buenos esos troles, pues no es difícil subir o bajar).  Además, los he pagado en todas sus formas, con efectivo y con tarjeta metro. ¡Otra maravilla!

Sin embargo, no todo es color de rosa. Los troles no son eficientes económicamente, son una carga bien pesada que los tiene constantemente al límite de ser eliminados como medio de transporte público o de ser recatados por el Estado a través de desembolsos millonarios. Pese a ello, siempre están ahí, desplazándose melancólicamente en el que podría ser su último viaje del año y de la vida.

Por otra parte, la mayoría de los troles son incómodos para subir o bajar de ellos, siendo los usuarios de la tercera edad los que más sufren sus altas escaleras. Ni hablar de si usas sillas de ruedas o andas con tu guagua en coche, solo la buena voluntad del prójimo te permite subir con tranquilidad. Por suerte, quienes viajamos en trole sabemos que es parte del paisaje ayudar y lo tomamos muy bien.

Entonces, ¿cómo es posible armonizar el patrimonio con las necesidades de transporte de las personas que viajan dentro de la ciudad de Valparaíso? ¿Podemos darnos el lujo de tener un trolebús que, aunque patrimonial, es ineficiente y caro? ¿Qué hacemos para mejorar el transporte sin pasar a llevar el patrimonio que puede revestir el tener en funcionamiento el famoso 814, el trolebús más antiguo del mundo?  Pues bien, pareciera que debemos tomar en serio la posibilidad de modernizar realmente la flota de trolebuses y dejar, como se hace con el tren a vapor, a los buses patrimoniales con recorridos puntuales, operando cada cierta hora del día y a un precio mayor que el pasaje de uso diario. De esta forma podremos actualizar el transporte público y, a su vez, ser respetuosos con nuestro patrimonio histórico.

Por otro lado, y en otro ejemplo, en Grecia circulan diariamente alrededor de 300 modernos trolebuses, los que han logrado bajar los niveles de contaminación del aire, que era un gran problema en dicho país. Para Valparaíso también puede ser una buena idea. Aprovecharíamos de aportar como ciudad a una de las metas de los objetivos de desarrollo sustentable 2030 promovidos por la ONU. De aquí a dicho año, nos comprometimos a tener un transporte seguro, asequible  y sostenible para todos, mejorando la seguridad vial y atendiendo a las personas en situación de vulnerabilidad. Mujeres, niños, personas discapacitadas y de la tercera edad.

Se puede hacer. El trolebús presenta una gran oportunidad de mejora. Es uno de los medios de transporte que no contamina, que está –quizás sin quererlo– alineado con la electro movilidad y que tiene una buena aceptación de sus usuarios. Pero para ello se debe mejorar (y mucho) en calidad de servicio. Por lo tanto, es es imprescindible incluir al trolebús cuando hablamos de mejorar el transporte público.

Termino con esto. Hay un video circulando en el cual el alcalde, Jorge Sharp, aparece arriba de un trole sugiriendo que habrá mejoras y nuevos recorridos de este. Dice que “No es tan caro”.  Discrepo. Es necesario decirle a la gente la verdad mirándolos a los ojos: un sistema de transporte público como el que Valparaíso requiere es caro. Y si lo queremos hacer respetando nuestro patrimonio es más caro aún. El primer paso para que este medio de transporte noble y amigable con el medioambiente no se vaya a un museo, es sincerar la dificultad del objetivo y ver cómo lo logramos. Valparaíso lo merece.

*publicado en El Mercurio de Valparaíso, el Lunes 12 de Agosto de 2019.