Los ungidos

Gonzalo García Cañete
Investigador

Desde la dictadura y con mayor fuerza en el retorno a la democracia, ha existido un grupúsculo de personajes que tienen una directa relación con los poderes políticos de nuestro país. Son actores relevantes que han estado constantemente ungidos por una aureola de superioridad moral por el único hecho de pertenecer a una casta distinta. Sobre todo, aquellos que sufrieron dolorosos episodios que fulminaron parte de sus vidas.

Es el caso de MEO, hijo del mítico Miguel Enríquez a quien el mismísimo Manuel Contreras lo tildó de un digno enemigo que nunca dio la espalda, un verdadero soldado.

Otro semejante a él es el Senador Letelier de la región de O’Higgins, hijo de Orlando Letelier, quien murió en un atentado en Estados Unidos. Los invito a explorar qué opinión tiene la gente de Letelier. Sin medias tintas le dirán que es el hombre que tiene el territorio regional a sus pies. El mismo senador que hoy está acusado de haber provocado un accidente estando en estado de ebriedad. Su alcoholemia, por cierto, arrojó cero. Después se supo que quien había soplado el alcotest no había sido él, lo que hoy está siendo investigado por la justicia.

Además, podemos agregar a la lista a Javiera Parada, quien sufrió la dolorosa pérdida de su padre en el caso degollados. Ella ha sido gestora cultual en Nueva York, un sueño para cualquiera. Asimismo, ha ocupado cargos importantes en gobiernos de la actual oposición. Pregúntese usted si alguno de los hijos de los campesinos muertos en Lampa ha podido tener semejante influencia política.

Así, ellos y otros más, en sus méritos y orígenes de carreras han tenido como único capital político el haber sido “hijos de”. En simple, este grupo de actores se ha llenado de privilegios a costa de las figuras paternas. Lógicamente, hasta estas fechas era una práctica naturalmente en extinción.

Sin embargo, la política siempre sorprende. Aquí la figura del adolescente Victor Chanfreau, que ha sido el vocero de Aces, realiza una jugada magistral. Cambia de lugar sus apellidos, como un enroque en el ajedrez. Pasa el apellido materno hacia adelante y deja el paterno -Harambour- como el segundo. ¿Qué logra? Sacar rédito a la figura de su difunto abuelo materno militante del MIR que fue estudiante de filosofía de la casa de Bello y que, además, engruesa la lista de los detenidos desaparecidos.

Víctor es un joven que, por mérito de su extinto abuelo y en homenaje a él, siente como deber moral seguir adelante con la batalla anti sistémica. Para él, el chavismo es una expresión política válida, el boicot a la PSU es una forma de lucha. Por cierto, Víctor pasa a ser intocable, es nieto de Alfonso Chanfreau, no se les ocurra estar en contra de él. Porque tiene derecho natural a estar por sobre otros de su misma edad y población. Pues está ocupando el lugar que le corresponde por sucesión del romántico trabajo de su abuelo. Es de la elite de la que nadie habla y todos saben que existe, ese grupo de intocables, de los ungidos de segunda generación. Ya no habrá “hijos dé”, sino que aparecerán los “nietos de”, reclamando su lugar, sin importar que no tengan mérito alguno o que no sean ni la sombra de sus familiares perdidos. God save the queen!

*Publicado en El Martutino el 21 de enero de 2019.