«Mañana será el país entero»

Por Juan Pablo Rodríguez

Director ejecutivo Fundación P!ensa

Aprobado en el senado el proyecto de retiro de fondos de pensiones el alcalde de Valparaíso, con su prudencia característica, afirmó: “No hay vuelta atrás. El pueblo que pensaron nunca iba a despertar, despertó y no volverá a dormir. Hoy es el 10%, mañana será el país entero”.

Esta declaración tiene el mérito de sincerar la verdadera dimensión de la disputa en la que estamos envueltos y de ser una fenomenal síntesis de la forma que tiene el Frente Amplio de aproximarse a la vida en sociedad.

En su visión están los buenos (la izquierda que es monopolio de virtud y quiere avanzar en “justicia social”) y los malos (la derecha que es depósito de intereses espurios y quiere resistirse a todo cambio). Los primeros logran cambios irreversibles, en los que “no hay vuelta atrás”. Los segundos, los que “nunca pensaron que el pueblo iba a despertar”, son siempre perdedores en sus intentos de defender un orden social destinado al fracaso. Esta lógica maniquea no solo choca con la realidad (lo sabrá bien quien sin fanatismos tiene amigos de izquierdas y de derechas), si no que tiene cooptado nuestro debate público y a nuestra sociedad.

El pueblo “despertó y no volverá a dormir” dice Jorge Sharp, sumo intérprete de aquella masa homogénea y carente de preferencias individuales. No solo hay un germen populista (es él quien interpreta qué es lo que quiere el “pueblo”) sino que hay una amenaza velada. Lamentablemente ha sido obsecuente con la violencia política, siendo tibio en su condena y azuzándola cuando es útil para el propósito de derribar el modelo y refundar el país.

Y es que en su mentalidad utópica no basta con una supuesta mejora, quiere “el país entero”. Chile partió con él y habrá que partir de cero. Celebra la aprobación de la posibilidad de retiro del 10% como un gran triunfo. Da lo mismo aprobar una mala política pública si aquello le pega al modelo. Da lo mismo que sea contraria a su forma de pensar, porque refuerza la componente individual del sistema. Da lo mismo que beneficie a los más ricos y le diga a la clase media que se rasque con sus propias uñas habiendo alternativas mejores, más focalizadas y de cargo estatal sobre la mesa. Da lo mismo que se abra la puerta, que nunca más se cerrará, para que los políticos –so pretexto de circunstancias extraordinarias- echen mano a nuestros ahorros para pensiones con cargo a un futuro incierto. Da lo mismo todo. Lo importante es destruir para refundar.

Sería bueno que el resto de las fuerzas políticas tomen nota de la frecuencia del debate. La desconfianza generalizada hacia la elite, la falta de liderazgo, el maximalismo, maniqueísmo y obsecuencia con la violencia del Frente Amplio, la ausencia de socialdemocracia y la falta de proyecto político y propósito por parte del gobierno están preparando, al parecer de modo inexorable, el camino chileno al populismo.

* Publicada por El Mercurio de Valparaíso el 26 de julio de 2020