Palacio Lyon y otros problemas patrimoniales

Por Tomás Villarroel
Investigador

La situación del Palacio Lyon es buen barómetro del estado en que se encuentra buena parte del patrimonio arquitectónico en Valparaíso y Viña del Mar. Del nivel de postergación y en consecuencia de degradación que sufren edificaciones, palacios, barrios y ascensores emblemáticos en nuestras ciudades. Si bien es cierto que los problemas que afectan a los bienes patrimoniales enumerados son distintos y que el grado de resolución o de postergación de estos casos puede variar ostensiblemente de caso en caso, la visión de conjunto ofrece una panorámica contundente. Y ésta es tan sintomática como desalentadora.

En Valparaíso ha sido el debate en torno a la venta del Palacio Lyon -y las supuestas negligencias municipales asociadas- el hito que tiene el tema sobre la mesa. La venta del edificio al Ministerio de Cultura además de mantenerlo en manos de una repartición del estado con más recursos, abriría incluso la posibilidad de una recuperación de ese sector de calle Condell. Una eventual compra del adyacente edificio de escaso valor estético-histórico y su demolición, permitiría la creación de un área pública verde que daría realce al Palacio, en el presente excesivamente encajonado. Mientras este caso se resuelve, se debe agregar un nuevo retraso en la entrega del ascensor Concepción, que se concretaría recién en abril de 2019. A ello se suma que la licitación para la recuperación de otros cuatro ascensores fue recientemente declarada desierta. Igualmente preocupante es el del destino -incierto- del señorial edificio de la Bolsa de Valores. El Mercado Municipal en barrio Puerto es otro caso de intento frustrado -hasta ahora- de recuperación. Ni hablar de la tantas veces evocada puesta en valor de los barrios Puerto y Almendral.

La situación en Viña no es mucho más promisoria. De partida hay un desarrollo igualmente lento que afecta dos edificios patrimoniales emblemáticos de la ciudad: el Palacio Vergara en la Quinta del mismo nombre y el Teatro Municipal. Que Viña no tenga un Teatro Municipal en funcionamiento pleno a casi una década del terremoto de 2010 parece de ficción. ¿Cuántas veces se han iniciado, paralizado y reiniciado obras en estos dos edificios? A lo anterior hay que agregar la situación del Palacio Carrasco así como de la Casa Italia, edificios que siguen marchitándose.

En el estado postergación en el que se encuentra nuestro desarrollo urbano-patrimonial confluyen escasez de recursos, así como la desidia de las autoridades. Es cierto que el aspecto de la escasez de recursos es relativo y no absoluto, puesto que la disponibilidad de los recursos depende de la priorización que de ellos se haga (y de su buen uso). Pero lo segundo es un testimonio de la pobreza de visión y convicción de las autoridades. El filósofo Nuccio Ordine hizo el punto en Puerto de Ideas el fin de semana: y es que en la sociedad actual impera un menosprecio del valor que tienen los bienes inútiles, como el valor histórico, patrimonial o simplemente estético que puede tener un edificio, una calle, un barrio, incluso un trolebus. La valoración de lo inútil, tal como una fachada, lejos de ser un desperdicio es un pilar humanizante que aporta riqueza a nuestras vidas.

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso.