El presidente de las regiones

Por Pedro Fierro Zamora
Director de Estudios Fundación P!ensa

El pasado martes el presidente electo comenzaba formalmente a constituir su equipo de trabajo nombrando a los 23 Ministros de Estado. Con el pasar de las horas, distintas críticas fueron surgiendo, ya sea por las caras repetidas, por la subrepresentación de las mujeres o por la eventual polarización de algunas carteras. Sin embargo, hubo una línea no muy explorada en los análisis, relacionada con la verdadera representatividad territorial del gabinete.

Antes de sugerir cualquier cosa, no podemos desconocer la profunda conexión subnacional de algunos ministros. En esta línea, todos conocemos los lazos provinciales de Gonzalo Blumel, Baldo Prokurica, Isabel Plá, Antonio Walker o Robero Ampuero. Sin embargo, fue especialmente sugerente percatarnos de que la totalidad del gabinete haya sido formado en universidades de la capital. Si hiciéramos un ejercicio tan sencillo como burdo, sería bastante difícil imaginar un gabinete español donde todos los integrantes hayan sido formados en Madrid, o uno británico donde hayan sólo recibido formación londinense, o uno americano que prescinda de la educación de Boston o California. Y es que, si bien el hecho puede representar para muchos una insignificancia, creemos que le subyacen elementos culturales esenciales a la hora de entender el excesivo y particular centralismo de nuestro querido país.

Una posible explicación a la poca representación de universidades regionales en el futuro gabinete podría relacionarse con la creencia de que en provincias no existirían las mismas competencias que en la capital. ¿Será tan así? En una interesante entrevista sobre el efecto segregador de la PSU, un emblemático político sostenía hace algunos años que se negaba siquiera a considerar la posibilidad de que Dios hubiese repartido los dones desde Plaza Italia para arriba. Con esa misma ironía, podríamos negarnos siquiera a considerar que los talentos hayan sido repartidos sólo en la capital. Pero aun teniendo esto claro, alguno que otro podría contra argumentar sosteniendo que esos buenos “talentos provinciales” terminarían igualmente radicados en las prestigiosas universidades santiaguinas. Pese a que esta idea resulta algo más sensata, serían bastante curiosos los casos del presidente de la Corte Suprema (Haroldo Brito), del Contralor General de la República (Jorge Bermúdez), del Fiscal Nacional (Jorge Abbott) y del Defensor Nacional (Andrés Mahnke), todos con formación universitaria “provinciana”. Teniendo esto en consideración, la equitativa distribución de competencias y la decisión de quedarse en regiones no parecen ser precisamente los problemas.

Entonces, ¿por qué esa interesante representación regional en algunos poderes del Estado no ha logrado expandirse al ejecutivo?

Esta pregunta no es menor, pues lo más probable es que tenga raíces culturales que como sociedad debamos abarcar. Desde hace algunos años hemos podido percibir cierta incapacidad de las organizaciones políticas a la hora de hacerse cargo de entornos cambiantes. Las distintas realidades de nuestros territorios también entran en este juego. Esperemos que esto sea considerado por el presidente electo en la elección de las próximas autoridades nacionales, pues sería una linda manera de comenzar a hacer realidad su inicial promesa de ser el verdadero presidente de las regiones.

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el 28 de enero de 2018