¿Qué puede aprender la derecha chilena de Cataluña?

Por Juan Ormazabal Goenaga
Director de Comunicaciones Fundación P!ensa

La convocatoria de un reféredum inconstitucional ha producido una crisis en la institucionalidad española y que la gente esté más dividida que nunca. Este hecho es una de las consecuencias de un problema que viene desde hace tiempo ─no es momento de ahondar en este tema─. Pero sí es importante revisar cómo actuó la derecha española frente a los nacionalistas desde la aprobación de la Constitución en 1978. Este sector ─representado en su mayoría por el Partido Popular (PP)─ dejó el liderazgo de estos temas en otras fuerzas políticas. En cierto modo, los catalanes percibían que sus necesidades no estaban siendo satisfechas por España en general, y por el PP en particular. Esto generó un vacío en el relato de lo que es y significa España en dichos territorios, entre otras cosas.

¿Qué tiene que ver esto con Chile?

Cada país tiene sus particularidades; pese a eso, se pueden identificar patrones comunes que pueden ayudarnos a prever futuras complejidades. Es parte de la política adelantarse para promover tus políticas, para posicionar tus temas en la agenda pública y, ante todo, para que tu adversario político no lo haga. El caso catalán es, entre otras cosas, una consecuencia de la nula proactividad del Partido Popular.

En Chile no existen razones históricas para que se produzca una fractura social por razones soberanistas. Por ahora. Pero, ¿cuánto aguantarán las regiones? Durante años hemos escuchado la necesidad de un proceso descentralizador que haga de este país uno desarrollado. Hay quienes creen más y quienes creen menos en este proceso; sin embargo, hay algo que llama la atención: la derecha chilena, encabezada por Piñera, no parece estar interesada en otorgar más poder a las regiones. Es evidente que eso se debe a múltiples razones, y no es mi intención abordarlas en esta columna. Pero podría ser un error, tal y como lo cometió el PP, abandonar el liderazgo ─ahora ausente─ del regionalismo en Chile, por no aprovechar la oportunidad de hacerse cargo del centralismo y convertirlo en un rasgo diferenciador de la derecha, creando un relato acorde a sus principios y favoreciendo el desarrollo íntegro de Chile. La derecha chilena tiene ante sí un desafío que no debe desperdiciar: liderar el futuro Chile descentralizado. Porque si no lo haces tú otros lo harán por ti, en cuyo caso ya sabemos el desenlace del caso catalán.

*Publicada en La Segunda el 12 de octubre de 2017