Revolución energética, ¿cuándo?

Por Tomás Villarroel
Investigador Fundación P!ensa

La crisis de contaminación en Quintero no para. ¿Qué nos dice la ola de intoxicaciones en la zona? Que en materia medioambiental Chile se quedó en los años 50 y 60 del siglo pasado. Cuando la instalación de refinerías y altos hornos eran aplaudidas, cuando la aparición de grandes estanques y chimeneas en el paisaje eran recibididas con beneplácito, pues eran símbolos de progreso. Es cierto que no se trataba de un mero fetichismo por esas monumentales y grises estructuras. En una época de “industrialización para la sustitución de importaciones” (entre los años 30 y 70) el foco estaba puesto en dos cosas: primero, en la instalación de grandes complejos industriales, cuya existencia se entendía como garante de la transición del subdesarrollo al desarrollo; segundo, en el positivo impacto económico y social que tendría la creación de empleos.

Las cifras actuales, una de las tantas relacionadas con este episodio, son lapidarias. Sólo en los últimos 10 años hubo 8 emergencias ambientales sólo en Quintero-Puchuncaví. De esto se deduce que nada o muy poco se ha aprendido de estos episodios, o al revés: que autoridades y empresas involucradas no se toman en serio la generación de valor compartido, esto es, la protección del medioambiente y la salud de los habitantes. Esta crisis muestra que en materia medioambiental Chile está fosilizado. En el sentido más literal. Ejemplos palmarios son -si bien en esta crisis la responsabilidad apunta a ¿ENAP, CODELCO-Ventanas, a todas?- precisamente las centrales térmicas ubicadas en Ventanas que queman combustibles fósiles. En este sentido Chile está anquilosado en el siglo XIX: si consideramos que el carbón fue una fuente de energía innovadora que comenzó a ser utilizada en Europa desde la década de 1820. Y que tuvo su siglo de oro entre 1850 y 1950. Como si fuesen fuentes de energía limpias y renovables hoy se cuentan 27 centrales eléctricas que operan quemando carbón en el país.

Es cierto que hoy hay al mismo tiempo una carpeta de proyectos de energías renovables no convencionales (parques eólicos y solares) en funcionamiento y por ejecutar que contribuyen tanto a la seguridad energética del país como a la protección del medio ambiente local (y global). Los avances de Chile en esta materia no deben ser desconocidos y permiten mirar el futuro con cierto optimismo. Con todo, crisis como la de Quintero son insostenibles. Esto exige un drástico cambio de paradigma en los estándares medioambientales, es decir, una nueva forma de concebir la relación entre actividad económica y sus impactos en el medioambiente, los habitantes y el paisaje. Es cierto asimismo que países desarollados recién implementaron sus revoluciones energéticas ante situaciones críticas. Así ocurrió en Alemania a comienzos de los años 90 cuando la contaminación provocada por grandes complejos industriales de Alemania del Este llevó al cierre de las plantas involucradas. Algo similar ocurrió con la energía atómica cuando Angela Merkel decidió el cierre calendarizado de las centrales nucleares ante la evidencia de que no eran seguras, como mostró el accidente de Fukushima el año 2011. Es un imperativo para las actuales autoridades diseñar políticas de reemplazo tanto de la primitiva generación de energía a partir de minerales fósiles como de la industria contaminante para que al fin las mal llamadas “zonas de sacrificio” dejen de ser titulares en Chile.

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el 30 septiembre de 2018.