Sano optimismo

Gonzalo García
Investigador

La tarde del 18 de octubre será recordara como aquella en que se quebró la normalidad en nuestro país. A partir de ese día comenzaron a suceder una serie de hechos que, como si de piezas de dominó se trataran, produjeron graves consecuencias sociales: manifestaciones masivas mezcladas con barricadas en las calles, fuego en todos lados, ulular de sirenas de carabineros, bomberos y ambulancias que se escucharon como nunca en nuestras ciudades

En ese contexto -que se mantiene fresco en nuestras retinas, aunque sin la violencia desatada de los primeros treinta días-, se me viene a la mente una frase que me marcó mucho y que, a mi juicio, es uno de los ingredientes que se necesitan para mejorar como país. Me refiero al mensaje que San Juan Pablo II dirigió a los jóvenes en el Estadio Nacional en 1987. En dicha oportunidad, el sumo pontífice nos invitaba a tener un sano optimismo que le robara protagonismo al pesimismo estéril que rondaba en el ambiente. La enseñanza que nos dejó el Papa es que es importante cambiar ese pesimismo, que a veces nos agobia, por un optimismo que esté a la altura de las necesidades que se han ocultado en materia social. En otras palabras, resulta imperioso empaparnos de optimismo para comenzar a trabajar en aquellas soluciones que puedan calmar nuestros dolores.

Ahora bien, ¿Cuáles son esos dolores a nivel regional? Algunas luces las encontramos en la Encuesta de Calidad de Vida 2019 de la Fundación P!ensa, la cual permite medir la percepción de calidad de vida de los habitantes de la región de Valparaíso en una serie de dimensiones, tales como salud, transporte, trabajo y seguridad. A modo ejemplar, el estudio nos indica que tan sólo un 33% de los encuestados está conforme con la calidad de los servicios de salud, un 24% declara no llegar a fin de mes con su sueldo y sobre nuestras ciudades, solamente un 27% de los encuestados considera que son seguras.

Los datos mostrados son radiografías dolorosas de las cuales debemos hacernos cargo como sociedad. No obstante, y viendo la mitad del vaso lleno, es valorable contar con un instrumento sólido que nos cuente las  verdades que no queremos escuchar, aunque nos duelan. En este sentido, esta herramienta nos permite tener un punto de referencia sobre el cual comenzar a forjar las políticas públicas llamadas a calmar estas aflicciones y, de esta forma, buscar soluciones a escala humana, considerando la voz de todos quienes habitamos esta región.

*Publicado en El Mercurio de Valparaíso el 25 de diciembre de 2019.