El tira y afloja de la descentralización

Francesca Zaffiri
Investigadora

No cabe duda de que estamos pasando por el proceso de descentralización más importante de las últimas décadas. La clase política fue capaz de llevar a cabo modificaciones esenciales, como la elección de gobernadores regionales y la ley de fortalecimiento a la regionalización. Es así que, para el año 2021, seremos testigos de una reestructuración político-institucional. Tendremos a un gobernador regional electo democráticamente, quien podrá solicitar al presidente de la república el traspaso de competencias específicas de los ministerios, para que sean administradas en la región. Sin embargo, para que esta afirmación sea real y efectiva, es necesario hacerse cargo de los mecanismos subyacentes.

¿A qué me refiero? Pues a la naturaleza centralista del traspaso de competencias. Si bien el gobernador regional tendrá la capacidad de solicitar que se le traspase una competencia (por ejemplo, hacerse cargo de elaborar el anteproyecto del programa de apoyo al transporte regional), esta debe ser aprobada, luego de un largo proceso, por la cabeza del ejecutivo. Este mecanismo, por razonable que parezca, tiene una serie de implicancias políticas que pueden terminar deslegitimando la gestión subnacional. Ello debido a que permite la apertura de espacios de discrecionalidad política, a través de dos vías.

En primer lugar, puede ocurrir que el gobernador electo sea de un partido político diferente al de gobierno y, por lo tanto, que se evite otorgar una competencia para no favorecer a oposición.

En segundo lugar, el mecanismo puede volverse un incentivo perverso a la hora de conceder o no una competencia. A falta de mayores estándares de transparencia y regulación, la transferencia puede provocar una dinámica de “favor por favor”, en el entendido de que una solicitud podrá utilizarse como herramienta de negociación en otras discusiones de carácter político. Esto es aún más preocupante si tomamos en cuenta que, aunque la competencia se transfiera, después de un tiempo esta puede ser devuelta a su cartera.

Por lo tanto, si bien la ley de traspaso de competencias es un gran avance en materia de descentralización, quedó diseñada para suscitar una dinámica que resta a las regiones de decisión y autonomía, principios claves para comprender la necesidad de descentralizar. Esto en cuanto promueve que el mecanismo de transferencias de competencias sea bajo la ley del más fuerte, con una toma de decisiones que sigue radicada en el centro político. Es por esta estrategia del tira y afloja que los esfuerzos se deben aunar no solo en torno a la determinación de qué transferir, sino que también en función de mejorar el mecanismo que se utilizará. De lo contrario, los nuevos gobernadores regionales serán incapaces de cumplir sus promesas, uniéndose rápidamente a la larga fila de actores políticos deslegitimados.

*Publicada en La Tercera el 4 de abril de 2019.