El tren de la libertad

Por Juan Pablo Rodríguez
Director Ejecutivo de Fundación P!ensa

Recientemente un consorcio privado ha manifestado su intención de construir un tren de alta velocidad entre Valparaíso y Santiago sin necesidad de un subsidio estatal.

Este proyecto nuevo recoge una antigua idea que no se ha logrado materializar en las últimas décadas fundamentalmente por dos razones. En primer lugar, por las presiones de intereses empresariales que se verían afectados por la conexión ferroviaria de carga y pasajeros entre ambas regiones. En segundo término, por el alto costo que significaría para el Estado construir o subsidiar una infraestructura como ésta.

Respecto de lo primero, la presión de las industrias eventualmente afectadas (camioneros o autobuseros, por ejemplo) es una amenaza plenamente vigente para el desarrollo del proyecto. En las autoridades y los gremios debe primar una visión estratégica que, contribuyendo a la adaptación de las industrias afectadas, no deje de ponderar correctamente los innumerables beneficios generales que una iniciativa como ésta traerá al resto de las industrias y, en definitiva, al bien común.

Sobre lo segundo, el proyecto ofrece una ventaja diametral respecto de sus antecesores: no requerirá de subsidio estatal para su ejecución. Aunque cueste creerlo, aquello también puede considerarse una amenaza dado que para cierto discurso, que lamentablemente ha adquirido fuerza en la Región de Valparaíso los últimos años, todo lo que signifique inversión o participación privada en la solución de problemas públicos se combate o mira con excesiva suspicacia.

Confiamos que el sentido común venza a la ideología dado los significativos aportes que significaría este proyecto: rapidez y seguridad en la conexión de carga y pasajeros; fortalecimiento de la industria turística, de servicios y educacional; descongestión de nuestras redes viales que sufren el aumento sistemático del flujo entre las regiones; desconcentración de la capital; tránsito hacia ciudades sustentables y menos contaminadas; generación de nuevos polos y asentamientos humanos en las estaciones y la conformación de una gran región que conecte los puertos marítimos y terrestres.

Si las autoridades tienen el coraje de resistir las presiones y de hacer primar el bien común por sobre su ideología es probable que, después de décadas, este sueño comience a ser realidad.

*Publicada en La Segunda el 11 de enero de 2017