Turismo desconectado

Por Guillermo Pérez Ciudad
Investigador Fundación P!ensa

Uno de los textos más conocidos del escritor argentino Julio Cortázar se llama la “Autopista del Sur” y cuenta la historia de un gigantesco taco en la carretera que une Fontainebleau con París un caluroso domingo por la tarde. A medida que avanzan las horas -y los días- la situación se va poniendo más color de hormiga; se agotan el agua, los alimentos y la gente comienza a agruparse y racionar. No pretendo contarles el final del cuento, para que puedan leerlo durante sus vacaciones junto con el resto de los textos que están en un libro llamado “Todos los fuegos el fuego”.

¿A qué viene todo esto? Bueno, cada vez que llega el verano a nuestro litoral recuerdo y releo este cuento. Los tacos infernales en la Avenida España y en las principales calles de las zonas costeras, junto a las dificultades para entrar y salir de la región, son solo algunas de las externalidades que sufrimos quienes habitamos durante todo el año en la costa. Pareciera que la dosis de calma que disfrutamos entre marzo y diciembre se agota abruptamente en los meses de verano, como si estuviéramos pagando alguna culpa por el pecado de vivir donde a todos les gustaría poder hacerlo.

No se trata de alegar en contra del turismo. No hay duda de que es una actividad esencial para nuestra región que debe ser mejorada en el tiempo, detectando fallas y potenciando virtudes. El problema es que dejarse llevar por las cuentas alegres del comercio o la enorme capacidad hotelera puede derivar en un análisis superficial y cortoplacista del fenómeno turístico.

Pareciera ser que lo esencial está en mejorar la infraestructura y la conectividad, fenómenos que muchas veces analizamos separadamente al turismo pero que, sin duda, le son inherentes. Aparte de pensar en recibir más y más gente, ¿no sería adecuado poner manos a la obra para conectar de forma más eficiente Santiago y Viña? Y así surgen una serie de temas que evidencian una falta de visión integral de la región que es preocupante, ¿Qué pasa con la ampliación de la ruta F-30 desde la rotonda de Concón hacia el resto del litoral? ¿Y con la extensión del MERVAL? Estas obras son necesarias para hacer un turismo más amable con los habitantes, que no atente contra la calidad de vida de quienes residimos en la costa. Otro ejemplo de esta falta de visión es la Avenida España, que comenzaría a ser reparada justamente en estas fechas de colapso, dificultando los traslados para quienes la utilizamos -o sufrimos- todos los días. Así las cosas, cualquier día de estos puede ser que nos pase como a los personajes de Cortázar y quedemos en un taco del que nos demoremos meses en salir.

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el 9 de enero de 2018