Una columna distinta

Por Gonzalo García

Investigador de Fundación P!ensa

 

Por lo general, cuando me toca escribir trato de basarme en algún dato o evidencia. Sin embargo, esta vez, he decidido hacerlo después de haber repartido un centenar de cajas de alimentos a un grupo de familias. Es que estamos en esos momentos de la historia en donde se marca un punto de inflexión para toda la humanidad y para el país. ¿Quién creería que Chile estaría así, en la cuerda floja? No solo por una pandemia, sino que por profundos problema sociales y políticos. Todo de una vez.

La situación social ya no es alarmante ni preocupante, como lo pudo haber sido hace meses atrás, sino que realmente dolorosa. La pobreza se ve en el horizonte de nuestros barrios y algunos de nuestros vecinos lo están pasando pésimo. Las cajas de alimentos, tan criticadas e incluso quemadas, han sido una ayuda importante para muchas familias y adultos mayores que no tienen nada en estos momentos, ni siquiera como moverse.

Por el lado de las autoridades, la falta de unidad de los políticos de izquierda y de derecha -en una crisis sin precedentes desde la vuelta a la democracia- evidencia el egoísmo que los políticos han acumulado. A tal nivel que no les importa meterle más y más problemas al gobierno de turno, transformando la oposición política en el horroroso acto de hundir por hundir, sin importar el costo que eso tenga para todos.

Cuando se pierde el trabajo, el seguro de cesantía se acaba, cuando la ayuda del Estado no es suficiente y a espaldas nuestras tenemos una familia que levantar, un hijo pequeño que está creciendo sin saber que pasa en el país, entonces, ¿qué podemos hacer? Ahí hay que mirar, necesariamente, para el lado, a la vecina que siempre saluda o al vecino tranquilo que recoge la basura. Es en esos rostros en donde hay que refugiarse. Comenzar a construir, de abajo hacia arriba y viceversa, un Chile que se encuentre consigo mismo, ese que está en medio de nosotros, el que se levanta después de una pesada lluvia, o que, a pesar del terremoto de turno, sabe que la casa se puede volver a construir. Ese donde lo importante es que la familia esté bien.

Es ese país el que nuevamente se tendrá que poner al hombro el pesado trabajo de reconstruir lo que esta crisis política, social y de salud dejará en el suelo, el que sabrá despedir a los que partieron y que cobijará a quienes nacieron en este turbulento año.

Será el Chile de siempre el que saldrá adelante. Ese del cual a veces renegamos, el Chile del patio de atrás. El del esfuerzo, el que se levanta a las 5 de la mañana para trabajar. El que al mal tiempo le pone buena cara y que cuando tiene pena llora en silencio. Es ese país el que reconstruirá lo perdido. El que se desprende de lo último que tiene para compartir la olla común (la verdadera, no la romántica). El que nos enseña que la solidaridad es una palabra llena de sentido y que hoy más que nunca hay que llevarla a la práctica.

* Publicada por El Observador, el 28 de julio de 2020