¿Una vez más los últimos en la fila?

Por Maximiliano Duarte
Investigador de Fundación P!ensa

Hace pocos días, la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE) declaró desierta la licitación de estudios de ingeniería básica del proyecto que busca extender el metro de Valparaíso hasta La Calera. La noticia ha provocado que distintas autoridades regionales manifiesten su preocupación por la lentitud con la cual avanza el proyecto, considerando que este revés significa iniciar un nuevo proceso de licitación y adjudicación que puede tomar varios meses.

Por su parte, la empresa estatal se ha defendido diciendo que las propuestas recibidas no se ajustaron a los requerimientos técnicos y económicos. Aluden a que un proyecto de esta envergadura requiere que las cosas se hagan bien. Sin embargo, nadie pone en duda eso. El problema es que estas explicaciones habrían sido suficiente hace unos años atrás. Hoy la ciudadanía exige razones más convincentes ante la falta de respuesta a un problema que se arrastra hace ya más de una década.

El gobierno debe ser consciente de que no estamos ante el capricho de un sector minoritario, sino ante una aspiración regional que cuenta con un respaldo ciudadano significativo. Sin ir más lejos, gracias al levantamiento de datos que realizamos año a año en Fundación P!ensa, podemos mencionar que en la versión 2018 de nuestra Encuesta de Opinión Política –lanzada hace sólo un par de meses– un 91% de los habitantes de la región de Valparaíso declaró su apoyo a la extensión del merval. Sumado a esto, se debe tener en cuenta que durante los  últimos años ha existido un aumento considerable de personas que se han asentado en las comunas del interior para llevar adelante su proyecto de vida. Sólo por poner un ejemplo, la población quillotana ha aumentado de 62 mil a 90 mil habitantes entre los años 2002 y 2017, de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadísticas. Esta nueva realidad demográfica hace necesario contar con un medio de transporte que permita un desplazamiento seguro, expedito, eficiente y amigable con el medio ambiente.

Por todo lo anterior, parece ser que este lamentable episodio es una demostración más del excesivo centralismo que aqueja a nuestro país. El gobierno ha anunciado con bombo y platillos la expansión del metro de Santiago y ha dicho que, para el año 2026, la gran metrópoli contará con las nuevas líneas 7, 8 y 9, además de la extensión de la línea 4. Este entusiasmo contrasta con la falta de interés respecto a las necesidades de nuestra región y sus habitantes, quienes tienen la sensación de ser ciudadanos de segunda categoría, los últimos de la fila, los que pagan los platos rotos del exacerbado centralismo con el que opera la gestión pública de nuestro país.

En Fundación P!ensa hemos estado comprometidos con la conectividad y movilidad de la región desde nuestros inicios, sobre todo considerando que año tras año aparece –junto a la seguridad pública– como una de los primeras preocupaciones de los habitantes de nuestra región. Por lo mismo, surge una duda razonable respecto a si nuestras autoridades nacionales están realmente comprometidas con el desarrollo integral de nuestra zona. El gobierno debe comprender que no se trata de un atraso de 3 meses, sino de una espera de más de 10 años de cientos de miles de habitantes que también somos chilenos (aunque no hayamos tenido la fortuna de nacer en la capital y de aprovechar los beneficios de uno de los mejores metros del mundo).

Por todo lo anterior, los inconvenientes de la licitación no sólo hablan mal de la forma en que se está abordando el problema de la conectividad que tiene nuestra zona, sino que una vez más dejan dudas respecto a la priorización que se les da a los problemas cuando no afectan al centro social y político.

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el 30 de septiembre de 2018.