Valparaíso ¿Puerto principal?

Por Tomás Villarroel
Investigador Fundación P!ensa

Conocida la decisión presidencial de dar el vamos a la construcción de un puerto de gran escala (PGE) en San Antonio, queda inmediatamente planteada la disyuntiva en torno al  futuro y a la viabilidad económica de Valparaíso. La disyuntiva es grave, pues en muy poco tiempo se suman tres noticias que golpean directamente el desarrollo económico del puerto: primero, la fuga de cruceros; segundo, la instalación del PGE en San Antonio; y tercero, la invalidación del proyecto Mall Barón. Si bien la anulación del Mall Barón elimina la amenaza de un edificio de 4 pisos junto al mar y abre la posibildad de un acceso al borde costero para toda la comunidad (otra cosa –compleja por lo demás- es el financiamiento de un paseo costero y áreas verdes), el panorama en torno a la viabilidad económica de Valparaíso y su desarrollo es -raya para la suma- inquietante.

La decisión de la presidenta sin duda constituye un punto de inflexión para el futuro productivo de Valparaíso. Históricamente la ciudad siempre ha sido un puerto: su desarrollo desde el siglo XVI, y sobre todo en los siglos XIX y XX -cuando Valparaíso llegó a ser la “joya del Pacífico”- estuvo intrínsecamente vinculado a la actividad portuaria y a la navegación. ¿Debe replantearse ahora esta condición? Mucho apunta en esa dirección.   Se han escuchado voces que señalan que el puerto debiese concentrarse en el potenciamiento del turismo y reorientar su estrategia de desarrollo hacia ese rubro. Para ello es crucial revertir la fuga de cruceros, que  paradójicamente están recalando en San Antonio. Si se quiere lograr esto es necesario un nuevo molo de atraque para cruceros o bien la adecuación del espigón para estos fines. Con todo, abundan las dudas. La pregunta de fondo es si el turismo es suficiente para sostener la vida económica del puerto y su desarrollo. En vez de diversificarse, la economía de Valparaíso se homogenizaría. Además, en el puerto se da el drama de que -con todo el potencial que tiene- apenas tres y con suerte cuatro cerros son turísticos. Ni hablar del plan, que los turistas -no sin razón- usan básicamente como zona de tránsito. Y por ahora no se observa ni de lejos ni un plan de recuperación del plan y de los demás cerros ni un proyecto de inversiones que hagan al resto de Valparaíso partícipes del círculo virtuoso del turismo.

Con un puerto para cruceros funcionando no cabe duda que el resto de las instalaciones portuarias (T1) podría seguir siendo utilizadas. Pero, salvo que se construya un puerto de gran escala en Yolanda, Valparaíso sería puerto secundario. Urge, en consecuencia, definir la construcción de un gran puerto en Yolanda. Finalmente se requiere una estrategia de desarrollo de ciudad puerto efectiva, global y que incorpore al sector público y privados. Las señales son equívocas: mientras el alcalde celebraba la invalidación del Mall Barón, el intendente la lamentaba. La falta de mirada intersectorial y de largo plazo clama al cielo. ¿Cuánto tiempo más resistirá Valparaíso este estado “calamitoso” (Isaza)?

*Publicada en El Mercurio de Valparaíso el 22 de enero de 2018