Viña del “Mall”

Por Guillermo Pérez
Investigador Fundación P!ensa

“Winter is coming” es una de las frases más famosas de la serie Game of Thrones. Y es así, el invierno está llegando de sopetón a la región de Valparaíso, y se siente fuerte en el Municipio de Viña, enormemente criticado en los últimos días, tanto por el deterioro de la ciudad como por el déficit que presenta.

Respecto al déficit habrá que esperar las conclusiones de la Contraloría, antes de eso solo estaremos escribiendo conjeturas y castillos en el aire. Otra cosa distinta ocurre con  el deterioro de Viña, del que podríamos estar discutiendo horas, especialmente de sus calles y veredas, o de esas construcciones monstruosas, tan poco armónicas con el entorno (y con el plan regulador). Lamentablemente, ese deterioro material tiene consecuencias que derivan en la decadencia de nuestra identidad, en el derrumbe de  los símbolos que nos hacen pertenecer a esta ciudad -todavía- bella.

Si uno observa Viña del Mar puede notar que la ciudad hace varios años tiene pretensiones de ser Miami. Un Miami estilo “chilensis”, claro está, con palmeras y centros comerciales. Con esto no quiero decir que las palmeras y los malls no sean “relevantes” para el turismo o la imagen de la ciudad, pero pareciera que solo importa eso; aparentar de que en Viña todo el año es verano.

Poner las prioridades exclusivamente en el verano genera una especie de cultura de lo efímero, donde solo vale el corto plazo y todo lo que realmente importa se desvanece en esa necesidad, tan propia de los municipios de nuestro país, de cumplir los mandatos de urgencia que imponen los operadores políticos en cada comuna.

Lo que más duele de Viña es que bajo esa imagen de eterno verano, reloj de flores y gaviotas de oro se esconde la enorme pobreza. Duele Viña del Mar porque es una ciudad cínica y ambivalente, le cuesta aceptar la realidad de estar dividida en dos: el plan y los cerros. Es en estos cerros ocultos donde, según un catastro del año 2016 elaborado por Techo, se concentra la mayor cantidad de campamentos en nuestro país.

En este mismo contexto, los vendedores ambulantes y el deterioro de la ciudad –denunciados en otros medios por Iván Poduje y Agustín Squella- parecen ser síntomas de un problema mucho más profundo, relacionado con la necesidad urgente de hacernos cargo de los invisibles de Viña del Mar. Recién ahora nos empieza a preocupar, cuando las necesidades de los cerros terminan chocando con la calidad de vida de aquellos que viven y disfrutan del eterno verano.