AGUSTÍN SQUELLA: “ES NECESARIO PENSAR DESDE LA REGIÓN”

Parece que en este último tiempo hablar de igualdad intimida. Muchos la contraponen a la libertad, no obstante el concepto bien entendido viene a complementarla, y no a oponerse a ella. La libertad no se opone a individualidad, ya que la igualdad es lo que permite a los individuos diferenciarse de otros. Esta reflexión abrió el abogado, periodista y Premio Nacional de Humanidades, Agustín Squella, para los jóvenes asistentes al curso de formación sobre “Teoría Política Aplicada” que está desarrollando Fundación P!ensa en la región. Squella, que se ha desempeñado como académico por más de 40 años, se refirió los conceptos de igualdad, libertad y equidad plasmados en su último libro, que se titula “Igualdad” (Editorial UV, 2014)

Preguntado sobre el rol del Estado en la igualdad en las condiciones materiales de existencia, Squella, doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, señaló que el Estado debe hacer esfuerzos redistributivos, interviniendo de alguna manera para contribuir en esta igualdad, porque la solidaridad de la sociedad no es suficiente para garantizar  estas condiciones.

Para el profesor Squella es fundamental que se generen este tipo de iniciativas que permitan pensar desde las regiones y evitar que nuestros jóvenes talentos emigren a la capital. “Tengo la mejor opinión de la Fundación P!ensa, y en particular, de este curso porque convoca a profesionales jóvenes de distintos ámbitos formativos, de diferentes maneras de pensar, pero que tienen un común interés por los asuntos públicos. Actividades como ésta les vienen bien a ellos, pero también a esta ciudad y a la región, porque Valparaíso tiene que pensar más, y no sólo pensar en sí mismo, hay que pensar desde Valparaíso”, comenta Agustín Squella.

Asimismo, destaca que “esto le viene bien a la densidad cultural de la ciudad y de la región, que lamentablemente año tras año pierde parte de su masa crítica, porque una buena cantidad de profesionales que salen de nuestras universidades parten generalmente a Santiago”.

En este contexto,  ¿Cuáles serían las habilidades y conocimientos que deberían desarrollar los jóvenes con vocación de servicio público?

“Deberían esforzarse deliberada, consciente y constantemente por conocer mejor lo que se puede demarcar como el ámbito de lo público. A mí me sorprende la falta de conocimiento -incluso entre estudiantes universitarios y profesionales- de cómo funciona lo público y el aparato estatal. Entonces, hay una cuestión de información que depende de cada individuo en particular. Cuántas personas en Chile y, particularmente en Valparaíso, si uno les preguntara de improviso, ¿qué es la Constitución Política de Estado? ¿Podrían responder siquiera, aproximadamente a ello?

¿Por qué cree usted que  llegamos a esto?

“Hay un déficit de formación ciudadana en la educación media, pero también y hay una desidia para informarse. La gran paradoja es que hoy día, diferente a la época donde yo estudié en la Universidad Valparaíso, entonces sede de la Universidad de Chile, es que teniendo hoy a disposición muchísimos más instrumentos para estar al día e informarse de lo que quieran, en relación a su propio país, al ámbito de lo público, qué es el Estado, cómo funciona, cuáles son sus competencias, etc., uno percibe que hay déficit de conocimientos básicos. Entonces, la red en donde está casi prácticamente toda información es utilizada –me temo- para fines banales, inmediatos, cotidianos, que sacan de apuro y ayudan, pero que están siendo subempleadas con vistas a que los ciudadanos se informen por sí mismos de las cosas que valen la pena. Para atrapar los conceptos básicos que les permitan formar un parecer. Creo que lo peor no es hablar desde una ideología, estemos o no conscientes de eso, sea una ideología más pura y más blanda, lo grave es hablar desde la desinformación”.

¿Cómo podríamos cambiar esta situación?

“Es muy fácil corregir, basta con informarse. Cuando nos pronunciamos públicamente sobre cuestiones que son de interés público, debiéramos tener la seguridad que disponemos de la base de la información que nos permita sostener con alguna seriedad lo que estamos diciendo, y que no estamos repitiendo como papagayo el slogan que escuchamos en la casa, el punto de vista del profesor que más admiramos en la universidad, o lo que sostuvo en su última columna el columnista que admiramos”.