Alcaldes, paso el dato

Por Francesca Zaffiri Suzarte

Investigadora en Fundación P!ensa

¿Qué tipo de ciudad proponen? Sería una pregunta interesante de hacerle a quienes están postulando a las alcaldías de esta región. Pues quienes se están presentando por primera vez a la contienda electoral debieran tener un plan y más aún en el caso de quienes buscan la reelección. Pues no está de más saber por qué han permitido que las ciudades que tienen a cargo hayan dejado de ser espacios de convivencia.  

Esto, porque en los últimos seis años que hemos realizado la Encuesta de Calidad de Vida Regional, el equipamiento urbano ha sido la dimensión peor evaluada por los encuestados. En su séptima versión, prácticamente solo 1 de cada 10 personas evalúan positivamente el estado de las calles y calzadas, las medidas para evitar rayados y controlar el comercio ilegal; de forma similar, 1 de cada 5 personas ven con buenos ojos el estado de los paraderos en los que deben esperar la locomoción colectiva.

En otras palabras, más de un gobierno comunal ha cumplido su tiempo y parece ser que las personas no notan un avance positivo en lo que a equipamiento urbano se refiere. La evaluación es preocupante porque esta dimensión termina siendo el espacio básico en el que las personas conviven públicamente, determinante al realizar actividades tan cotidianas como pasear por la costanera o salir a comprar. Y si bien la percepción negativa se viene dando desde hace un tiempo, la inercia con la que se actuó en algunas comunas para enfrentar las incivilidades del estallido social no solo dejó a las ciudades más inseguras, sino también con la sensación de que los actos que empobrecen nuestro espacio público y la sana convivencia pueden pasar impunes.

El covid-19 hizo que prácticas como la quema de barricadas, la detención de vehículos en la vía pública y el derrumbe de señaléticas, entre otros, disminuyeran –en detrimento del cierre del comercio local-. Pero creer que este tipo de prácticas violentas cesarán una vez superada la crisis sanitaria sería un error, pues, al aceptarlas como expresión del malestar social, las hemos hecho parte del ideario cotidiano de la vida en comunidad.

El empobrecimiento de los espacios públicos no se ha detenido, por lo que es del todo coherente que los candidatos comunales se deshagan de promesas clientelares vacías, y acepten el desafío de planificar una gestión urbana que permita que las ciudades puedan enfrentar los problemas del mañana, pues actualmente no logran resolver los de hoy.

*Publicada por El Mercurio de Valparaíso el 24 de enero de 2021