De hoy a abril

Por Francesca Zaffiri Suzarte

Investigadora en Fundación P!ensa

Es comprensible el nivel de sorpresa al saberse el nivel de abstención que hubo en las pasadas primarias. Después de todo, veníamos cumpliendo un mes de haberse llevado a cabo uno de los hechos más significativos de nuestra historia reciente: el plebiscito para redactar una nueva Constitución. Así, pasamos de una elección con una participación prácticamente histórica, a una con una abstención de la misma categoría en poco más de un mes. Sin embargo, sería un error asumir que la participación en el plebiscito signifique que las personas dejarán de abstenerse de acudir a las urnas así sin más. Esto por dos motivos principales: la naturaleza de los procesos y la crisis de representación.

En primer lugar, comparar el plebiscito con cualquier otra elección sería, a lo buen chileno, mezclar peras con manzanas. Pues el 25 de octubre se votó por una idea y no por un candidato. Este punto es sumamente relevante, pues los ciudadanos tuvieron un año completo para poder informarse, pensar su decisión y comprender que, al final del día, acudir a la urna aportaba, aunque fuera un poco, en el resultado final. De alguna manera participar, el plebiscito significó, para más de una persona, que su voto podía hacer una diferencia.

Pero luego llegaron los nuevos comicios y, con ello, la realidad. Pues el 25 de octubre (del 2019 y del 2020) no soluciona per se la crisis de representación que estamos viviendo, y parece que tampoco lo hacen las nuevas convocatorias de participación. Pues la primaria es, básicamente, una pre-selección, en la que el votante tiene permitido tomar una decisión de partidos. Y si bien es considerada un acto democrático, termina siendo una instancia cuyo resultado no es del todo definitivo.

Para bien o para mal, no es muy atractivo votar en esta instancia. Tampoco parece serlo informarse del proceso, pues a pesar de que esta primaria inauguró la carrera por las gobernaciones regionales, es razonable que, a poco más de un mes del plebiscito, las personas tuvieran poca motivación a insertarse de lleno en un nuevo proceso electoral. De todos modos, la primaria cumplió su objetivo: filtró a algunos de los candidatos a Gobernador Regional y alcalde.  

Uno podría suponer que esto hará más fácil que las personas puedan informarse de las candidaturas para tomar una decisión programática y acudir a las urnas de aquí a abril del próximo año. Sin embargo, asumir esto sin considerar la complejidad del fenómeno sería una irresponsabilidad, o de lo contrario una campaña de información sería suficiente para que las personas voten.

En segundo lugar, puede ser iluminador recordar que menos personas están creyendo en las instituciones. De hecho, la falta de confianza y la percepción de corrupción es un resultado que se ha mantenido sostenidamente en las encuestas; para este año por ejemplo, la encuesta de Opinión Política de Fundación P!ensa arrojó que el 85% de los encuestados perciben que los partidos políticos son corruptos. De forma similar, tres de cada cuatro personas de la región de Valparaíso no creen que éstos estén interesados en lo que piensa el votante, siendo que una de sus funciones principales es la de llevar los intereses de su electorado a las instancias de poder. Así las cosas, parece no haber mucho encanto en votar por quienes ejecutarán políticas.

Una de las lecciones que nos ha dejado esta primaria es que la desconfianza y la abstención siguen presentes y el riesgo de que ambos elementos perpetúen va de la mano con lo que el próximo año significará. El 2021 será un año muy pesado electoralmente, pues la pandemia produjo que tengamos que elegir a ocho autoridades –Gobernador Regional, Alcalde, Concejales, Convencionales, Presidente, Diputados, Senadores y Consejeros Regionales- en un solo año. La apretada agenda nos convocará en cinco ocasiones a las urnas y, solo para las elecciones del próximo abril, tendremos que llenar cuatro papeletas.

Y es que sufragar continuamente no es muy atrayente para el electorado común, por lo que, bajo el sistema de voto voluntario que tenemos, éste fácilmente puede decidir no involucrarse en la esfera pública, absteniéndose de votar, entendiendo de que sin su voto, de todas formas habrán resultados finales. Así, no solo no se involucra, sino que tampoco gasta su tiempo informándose de las elecciones y lo que implican. A fin de cuentas, con los aires de cambios que se avecinan, habrá que cuidar de que el proceso político del 2021 no sólo no perpetúe la apatía de las personas, sino más aún, su fatiga de votar.  

*Publicada por El Mercurio de Valparaíso el 24 de diciembre de 2020