DEL “CHILE DE TODOS” A “LA ROJA DE TODOS”

Por Pedro fierro Z., subdirector de P!ensa

Hoy en día las campañas electorales están en la agenda pública. Si bien el debate a estado copado por temas de financiamiento, las dimensiones que implican estas actividades políticas bien sabemos que son bastante diversas.

En ese mismo orden, si revisamos la campaña de nuestra propia presidenta podemos encontrar algunos indicios bastante relevantes a la hora de entender nuestro estado actual.

Así, cuando hablamos del “Chile de todos” de Michelle Bachelet podemos focalizarnos, al menos, en dos implicancias concretas.

En primer lugar, con el lema escogido parecía asumirse que estábamos en un contexto de desconfianza política e institucional, razón por la cual se opta por el interlocutor más confiable en términos comunicacionales: el votante mismo.  Destacables son algunas imágenes gráficas en donde la candidata simplemente no aparecía. Se había preferido apostar por gente común y corriente que incluso llevaba una banda presidencial.

Esto no deja de ser importante, pues nos recuerda que la desconfianza venía instalándose hace mucho tiempo, y los recientes actos de corrupción o ilegalidad solo terminaron por hacer el problema visible y prioritario. Si lo analizamos comparadamente, podemos encontrar incluso algunos índices que grafican esto. Ya en 2011 el 72% de los chilenos pensaban que nuestro país estaba gobernado por unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio.  Cifra considerablemente menor en países como Uruguay (31%).

En segundo lugar, está lo expresamente enunciado por el comando de la candidata (hoy presidenta). El Chile de todos comunicaba un país “que nos pertenece, uno que es creado colectivamente, y que además reparte sus frutos equitativamente”. Es precisamente aquí donde empiezan los problemas, que evidencian de algún u otro modo que la frase escogida nunca fue más que un eslogan.

Para graficar esto, hablemos de algo que efectivamente nos pertenece: La Roja de todos.

Al parecer, esto a dejado de ser una frase publicitaria en el momento en que comenzamos a atribuirle un poder bastante especial a esa selección de fútbol. En definitiva, entendemos que nos representan y ellos entienden que nos representan. Es allí cuando los jugadores, en cuanto representantes, asumen una responsabilidad respecto del país por el que juegan. Quiéranlo o no, ellos le responden a más que un entrenador, le rinden cuentas tácitamente a un pueblo que confía en ellos, que los hace propios. Quizás es por esta razón que Vidal, luego de su acto de indisciplina, llora con sinceridad y humildad. Entiende que falló, y entiende que debe responder a un país entero, no solo a su entrenador.

En este sentido, la lógica del Chile de todos de Michelle Bachelet parece estar muy lejana a esta idea. A la presidenta también le entregamos un poder, y esperamos que nos represente. También queremos sentir un gobierno propio. Pero eso es muy difícil si las decisiones se siguen tomando entre cuatro paredes y de espaldas a la gente. Es aún más complejo si son incapaces de pedirle perdón a la ciudadanía, quizás incluso llorando por haberles fallado.

En este sentido, y pese a lo ninguneado, en el fútbol parece entenderse de mejor forma la lógica de la autoridad y la responsabilidad que eso conlleva.

En un contexto de crisis, debemos ser sinceros y mirarnos a los ojos, asumiendo los errores y teniendo la humildad necesaria para pedir perdón. Después de todo, si queremos un “Chile de todos” quizás debamos mirar más el espíritu de “La roja de todos”.

Léela aquí también http://www.chileb.cl/perspectiva/del-chile-de-todos-a-la-roja-de-todos/