El eslogan de la descentralización

Por Ignacio Aravena, colaborador P!ensa

Master of Urban Planning NYU

El debate sobre la descentralización se volvió a encender con el cuestionamiento al manejo del Covid-19 desde el ejecutivo. La asincronía entre gobierno y autoridades locales en el Plan Paso a Paso deja inferir que la descentralización no es parte de la agenda política, algo que nos aleja del desarrollo que tanto anhelamos como país.

La OCDE recomienda que, para lograr una mayor democratización territorial, es necesario realizar acciones que incentiven la gobernanza multinivel y el diseño de políticas públicas atingentes a la realidad local. En respuesta a ello, se ha trabajado en acciones como la elección de gobernadores regionales; sin embargo, en el debate ha estado ausente definir sus atribuciones y herramientas para planificar sus regiones, por lo que es altamente cuestionable el impacto que ellas puedan tener para generar mayor desarrollo local.

Como indican los académicos Pedro Fierro y Patricio Aroca, las regiones no tienen mecanismos para generar incentivos que atraigan empresas ni proyectos, exacerbando la inercia actual donde la mayoría del progreso es absorbido por Santiago. En concordancia a ello, la Política Nacional de Desarrollo Urbano recomienda fortalecer a las regiones con la creación de planes estratégicos y de financiamiento para potenciar su desarrollo urbano. Sin definiciones como éstas, el impacto de elegir autoridades regionales es poco claro para avanzar en materias de desarrollo.

La región de Valparaíso es un claro ejemplo de lo anterior. El principal puerto del país tiene altos indicadores de pobreza y desempleo, lo que difiere con países desarrollados donde los puertos son un motor de la economía; similarmente, Viña del Mar depende principalmente del casino y el Festival para generar ingresos. Si bien, las gestiones municipales son criticables, la falta de autonomía y planificación también son catalizadores del declive que vivimos. Un ejemplo es la falta de planes para potenciar la conurbación, su borde costero y la diversidad de recursos patrimoniales y turísticos que tenemos.

En conclusión, las buenas intenciones y planes de descentralización han acaecido de acciones y planificación, transformándose simplemente en eslóganes e informes de avance ante organismos internacionales. Esta inercia debe cambiar porque la complejidad territorial de más de 4.000 kilómetros exige reconocer lo diversos que somos. La solución está en la sincronización y la negociación, no en la imposición que desconoce nuestra riquezas y oportunidades.

*Publicada por La Segunda el 10 de septiembre de 2020