El hospital biprovincial: un problema de Estado

Por Gonzalo García Cañete

Investigador de Fundación P!ensa

Hace dos años escribí sobre el hospital fantasma, aquel que aún no estaba listo, cargando con años de atrasos y cuyos problemas eran diversos, entre ellos, los de construcción. Recordemos que este centro asistencial debía estar operativo durante el segundo mandato de la Presidenta Michelle Bachelet. Hoy, el problema es otro.

Pues bien, una de las formas de medir la capacidad hospitalaria de un país consiste en contar la cantidad de camas que hay por cada mil habitantes. En Chile esta cifra es de 2.16 camas mientras que el promedio OCDE es de 4.6. Hay países del tercer mundo como Tonga, Namibia y Surinam, que tienen más camas por habitantes que el nuestro.

En este escenario, diversos estudios alertan sobre el problema de infraestructura hospitalaria. La mayor parte de los centros de salud operativos tienen más de 70 años y ellos reúnen el 54% de la capacidad de camas. O sea, nuestra red asistencial está tensionada al máximo, no solo producto de la pandemia, sino que también por estos problemas.

Esta crisis estructural está siendo abordada, a través de una estrategia de fortalecimiento de la red asistencial con un plan nacional de construcción de establecimientos de salud, de los cuales hay 22 en desarrollo y otros 30 por construir. Entre los primeros está justamente el Biprovincial de Quillota – Petorca. Quizá la premura en inaugurarlo por parte del Presidente Sebastián Piñera obedece a que uno de los objetivos de este plan es que los 22 recintos deben estar en funcionamiento durante este 2022.

Técnicamente, los hospitales están normados por complejos estándares internacionales, por lo mismo, estas obras públicas son edificadas por grandes empresas multinacionales y requieren bastante tiempo para su ejecución.

Comprendiendo la complejidad constructiva, podría pensarse que los problemas que tiene el Hospital Quillota – Petorca no son inusuales, como filtraciones, alarmas sonoras que se activan solas, sensores que indican fallas sin haberlas. Sin embargo, lo cierto es que estos se están exacerbando: el nuevo Félix Bulnes se llovió un día después de inaugurado, un ala nueva del Hospital Fricke se incendió, el Hospital de Puerto Montt no contaba con red de agua potable adecuada y, así, hay varios ejemplos más. A lo anterior debemos agregar algunas tensiones naturales que las autoridades deben resolver, por ejemplo, si un ala del centro asistencial está terminada y operativa, ¿se puede usar o se debe tener todo el hospital construido y funcional?

Teniendo en cuenta esto, puede ser que estemos frente a un problema de gestión por parte del Estado en cuanto a la capacidad para revisar, corregir y supervisar estas obras complejas, sobre todo en la infraestructura, puesto que idealmente estos problemas debieran ser subsanados durante la construcción.

Y es que quizás esto es lo grave: no contar con un Estado que tenga las capacidades y herramientas para que estas cosas no sucedan. Es importante relevar que, sin un Estado moderno y eficaz, problemas como los del Hospital Biprovincial serán pan de cada día en los más de 50 centros hospitalarios que están en la carpeta de modernización de la red asistencial de nuestro país.

Urge que lo sucedido con este anhelado hospital sea la última voz de alerta sobre este tema. No sólo porque podría haber 30 nuevas construcciones hospitalarias que podrían tener problemas similares y no estar operativas a tiempo, sino porque ya son bastantes las expectativas que se han generado en la región respecto a proyectos que se anuncian y nunca llegan, o que llegan y no están en condiciones dignas.

*Publicada por El Observador el 14 de enero de 2022