El verdadero desafío del nuevo gobierno

Alexis Montecinos, investigador asociado P!ensa; Profesor Asistente de la Universidad de Suffolk, Boston; Profesor Visitante del MIT. 

Desde la pasada victoria del nuevo presidente electo de Chile, Gabriel Boric, mucho se ha hablado de los potenciales peligros de una economía del caos: una política fiscal sin control, posibles expropiaciones, impuestos excesivos y otra serie de políticas económicas que, en el mediano y largo plazo, llevarían a Chile a una debacle sin precedentes.

Para poder evaluar lo anterior desde una perspectiva más objetiva, lejos de lo que nos dictan nuestros sentimientos derrotistas o victoriosos producto de la elección, es importante considerar al menos dos variables muy relevantes: los fundamentos de nuestra economía y el horizonte que tiene un presidente con un mandato de sólo 4 años.

Tomando el primer punto, podemos constatar que Chile mantiene una estructura macroeconómica muy sólida, a pesar de que el gasto público se ha acotado para el 2022 y las holguras que este posee son nulas. Además, este es permanentemente gobernado por una regla fiscal de balance estructural. Por otro lado, nuestro país cuenta con organismos destacados como el Consejo Fiscal Autónomo que, entre otras funciones, evalúa constantemente la sostenibilidad de las finanzas públicas; un Banco Central independiente que logra exitosamente anclar las expectativas de inflación en el centro del rango meta; y una Comisión para el Mercado Financiero que supervisa de manera rigurosa la estabilidad y sanidad de los organismos que componen el mercado de capitales. Por último, el nuevo presidente se ha comprometido a que cada política que implique un gasto público permanente tendrá una contraparte de ingresos también permanente.

Ahora bien, abordando el segundo punto, el periodo presidencial en Chile es tan sólo de 4 años, lo que desde un punto de vista estructural supone un horizonte bastante acotado. En otras palabras, cualquier política estructural que se pretenda realizar requiere de un tiempo de preparación, aprobación y ejecución que seguramente excede dicho período. Y, si además deseamos observar los resultados de esas políticas, necesitamos un período aún mayor de tiempo. Si a esto le sumamos la configuración del Congreso después de las elecciones, es fácil notar que Boric deberá conciliar posiciones para la aprobación de cualquier política económica que desee implementar.

Tomando en consideración estos antecedentes, el verdadero desafío que se le presenta al nuevo gobierno, ante tantas restricciones económicas de solidez, es determinar cuáles son las reales prioridades que podrá abordar. No se puede desconocer que el presidente recibirá una economía muy sobrecalentada, con un gasto público agotado y una inflación heredada no vista en mucho tiempo, a la vez que posee una lista de demandas que es imposible satisfacer en cuatro años. Por lo mismo, todo parece indicar que el objetivo no será impedir el caos, sino más bien lograr llevar a cabo, aunque sea en un porcentaje mínimo, las propuestas de gobierno que fueron planteadas en su programa económico.

*Publicada por La Tercera el 31 de diciembre de 2021