En pedir no hay engaño

Por Juan Pablo Rodríguez O.

Director ejecutivo Fundación P!ensa. Abogado y profesor PUCV

A 9 meses y 21 días de la llegada del Coronavirus a nuestro país, el arribo de las primeras 10 mil dosis de la vacuna de Pfizer-BioNtech y el inicio del proceso de inoculación es, cual regalo navideño, una luz de esperanza para terminar un año duro para el mundo y especialmente difícil para nuestro país.

A las trágicas consecuencias de la pandemia –que se cuentan en número de muertos, enfermos, desempleados, quiebras, pobreza y cada vez más insoportables restricciones a nuestra libertad de desplazamiento- se suma una profunda crisis de confianza y legitimidad de nuestras instituciones y un ambiente político egoísta, polarizado, y populista. El 2020 no fue nuestro año y nos merecíamos una buena noticia ¡Si hasta perdimos en Venezuela por primera vez en las clasificatorias al mundial de fútbol!

La llegada de la vacuna es esperanzadora no sólo porque demuestra la capacidad de la humanidad ofreciendo esta solución mucho antes de lo que vaticinaban todos los expertos, sino porque ayuda a legitimar al Gobierno –y con él la política- como  solucionador de problemas. Además, permitió ver en parte de la oposición destellos de generosidad luego de largos meses de severa crítica permanente.

Desde la perspectiva de la relación de las personas con el Estado los efectos positivos de esto van más allá del combate contra el Coronavirus y tienen que ver con que la ciudadanía vuelva a confiar en el sistema y sus autoridades. Así como las personas, las naciones cuando lo están pasando mal necesitan de hitos o momentos de los cuales poder aferrarse para cambiar el rumbo. ¿Será la vacuna ese hito que nos permita cerrar el 2020 –y todo lo devastador que ha sido- y abrir el 2021 en otra frecuencia para, junto con combatir la pandemia, enfrentar el debate constitucional y poder darnos una Constitución que nos represente a todos, que traiga paz y legitimidad, y que establezca las condiciones para que Chile continúe el camino al desarrollo?

Y es que Chile está en un momento crítico, la confianza en nuestras instituciones está en el piso y el modelo de desarrollo no tiene legitimidad. Las personas parecen anhelar el consumo y gozar de sus beneficios, pero sin establecer un relación causal entre esas posibilidades y el modelo de libre mercado. A su vez, existe un extenido hastío hacia la “clase política”, desconfianza hacia los empresarios y organizaciones fundamentales en nuestra sociedad como la Iglesia. Ese es el caldo de cultivo ideal para el surgimiento de un líder populista, de izquierda o derecha, que busque conectar con la ciudadanía de modo directo, “saltándose la política”, con un discurso emocional desprovisto de sustento técnico. Ese atajo muchos lo querrán tomar. La alternativa es el camino largo: darle legitimidad a nuestras instituciones y modelo de desarrollo.

Y legitimar nuestras instituciones tiene que ver con el buen ejemplo que den nuestras autoridades, con que –sin perder la crítica constructiva- dejemos la estridencia haciendo leña del árbol caído (las instituciones) cada vez que podemos, y con que los políticos tengan la capacidad de lograr acuerdos transversales en la Convención Constitucional, a lo que de alguna manera están “obligados” dada la regla de los dos tercios.  

Si bien el camino al desarrollo es complejo y no hay recetas mágicas, la experiencia internacional demuestra que sí hay condiciones habilitantes, mas no suficientes, para lograrlo: erradicación de la violencia política, imperio de la ley, estado de derecho, democracia, responsabilidad fiscal y estabilidad económica.

Con la esperanza de la vacuna y algo empapado de espíritu navideño, le pido al Viejito Pascuero el siguiente regalo: una “Bancada Demócrata” en la Convención Constitucional que, cruzando la línea divisoria del Sí y el No del 88, ponga a Chile por delante, condene sin matices la violencia política, abrace la democracia constitucional, elabore un diseño que permita relegitimar nuestras instituciones, valore la responsabilidad fiscal y el crecimiento, y deje para las elecciones periódicas las discusiones respecto de los énfasis que deban tener las políticas públicas.  

En pedir no hay engaño.

*Publicada por El Mercurio de Valparaíso el 27 de diciembre de 2020