Integración social, un desafío pendiente

Por Ignacio Aravena, colaborador P!ensa

Master of Urban Planning NYU

El debate urbano cobra cada vez más relevancia en la agenda porteña, buscando responder a los problemas de segregación y campamentos. Diversas investigaciones han demostrado que el lugar donde se habita importa a tal punto que impacta en salud, educación, trabajo y en el progreso intergeneracional de las familias, producto de las barreras que impone en el tiempo. Por ello, muchos políticos han incluido la desigualdad territorial dentro de sus programas, aunque no siempre con éxito. Valparaíso es un ejemplo de ello.

En una reciente conversación con Cristián Warnken, el alcalde Sharp subrayó cómo la desigualdad y la pobreza urbana condicionan el desarrollo de las familias, motivando su foco en la gestión territorial. No obstante, a más de tres años desde el inicio de su gestión, una serie de desafíos quedan remanentes, destacándose, desde antes de la pandemia, el incremento en campamentos y el bajo desarrollo inmobiliario de la cuidad.

En materia habitacional, Valparaíso tiene una deuda con los programas de integración social. Desde el año 2016, la ciudad ha capturado cerca del 10% de los proyectos de integración del MINVU, los que se emplazan mayoritariamente en Placilla. Esta situación es preocupante debido a que la comuna es una de las que posee la mayor cantidad de campamentos del país y que, las pocas familias beneficiadas, habitan lejos de la ciudad misma, perdiendo oportunidades y beneficios propios de la localización.

A pesar de que desarrollar proyectos en Valparaíso impone una serie de desafíos asociados al territorio -producto de su geografía, antigüedad, y el porcentaje de edificios patrimoniales-, la gestión municipal también comparte responsabilidad de la baja cantidad de proyectos en la zona. Los conflictos con inmobiliarias y la baja voluntad de diálogo -acusada por diversos actores, incluyendo a Paz Undurraga y su reciente comparación con gestiones previas que realizó en este mismo medio- también han incidido en ello, lo cual se aprecia en la tendencia a la baja en el número de Permisos de Edificación aprobados en los últimos años.

En definitiva, las ya conocidas cifras de desempleo, la baja actividad económica y las constantes disputas en la zona se suman a una gestión que no ha logrado atraer proyectos ni integración social la ciudad. La suma de todo ello impone más obstáculos de lo deseable para Valparaíso, donde la prioridad municipal debiera consistir en mejorar las oportunidades a largo plazo de los porteños. Para ello, es necesario un trabajo más activo y colaborativo de las autoridades, lo cual va más allá de la salud popular y el aseo de la ciudad.