La abuela y el Frente

Por Maximiliano Duarte

Investigador Fundación P!ensa

El rechazo de la censura en contra de la Mesa de la Cámara de Diputadas y Diputados, encabezada por Diego Paulsen (RN), dejó una curiosa anécdota en la disputa que actualmente protagonizan parlamentarios del Frente Amplio con Pamela Jiles. En concreto, los primeros responsabilizaron a la segunda de la derrota en la votación, acusándola por redes sociales de haber sido ella quien permitió -con su abstención- que la derecha mantuviese la presidencia de la corporación.

El liderazgo de Pamela Jiles ha ganado terreno durante los últimos meses. Su figuración en la tramitación de las leyes que permitieron el retiro de los fondos previsionales, unida a su particular forma de ejercer el oficio parlamentario, le han permitido posicionarse como una de las políticas mejor evaluadas por la ciudadanía, generando una molestia indisimulada por parte del Frente Amplio. A fin de cuentas, Jiles ha logrado en tiempo récord uno de los objetivos que el bloque opositor ha pretendido alcanzar desde el inicio de la crisis: capitalizar políticamente el descontento social.

Dicho lo anterior, no deja de ser curioso que la fallida funa en redes sociales en contra de la denominada “abuela” deje muy bien parada a esta última. En definitiva, el Frente Amplio reconoce que el voto de Jiles tiene una relevancia especial, ya que sin éste es imposible doblegar al oficialismo. En otras palabras, denuncian que ella sola es capaz de desarticular la estrategia política del conglomerado. ¿Es esa acusación acaso una ofensa o un halago?

Ahora bien, uno de los puntos que ha sido descuidado en el análisis dice relación con el fundamento de la propia votación. Ésta consistía en una reclamación en contra de la “conducta” de la Mesa – artículo 27 del Reglamento de la Cámara-. No obstante, la misma oposición reconoció que el mecanismo fue activado simplemente porque la presidencia de la Cámara le pertenece a la derecha. Vale decir, no había ninguna conducta que reprocharle, sino más bien un descontento con su integración – la que, dicho sea de paso, es el resultado de una votación legítima que tuvo lugar en abril de este año -. En definitiva, la reclamación carecía de fundamentos que la hicieran procedente, y así lo hizo ver la cuestionada diputada al defender su decisión en redes sociales.

La ironía detrás de este incidente es que Jiles le paga a sus ex compañeros con la moneda del Estado de derecho, colocándoles, de paso, la etiqueta populista que ellos mismos intentan atribuirle constantemente. Esto debiese ser suficiente para activar alguna señal de alerta en el Frente Amplio. No vaya a ser que, sumado a la fragmentación que hoy atraviesa el bloque producto de la salida de algunos de sus fundadores, la abuela termine ganándoles el pulso en la pelea por la representatividad del sector, develando que los verdaderos giles son otros.