Macrorregiones y descentralización

Por Maximiliano Duarte, Investigador Fundación P!ensa

A raíz del proceso constituyente en curso, algunos académicos han manifestado la importancia que tiene el territorio para dividir el poder político, sugiriendo una nueva división territorial con un número acotado de regiones, con amplias competencias y un presupuesto considerable que les permita ser verdaderos artífices de las soluciones a los problemas que las aquejan. En este mismo sentido, un reciente estudio publicado por Horizontal – en el cual participaron dieciséis expertos – propone avanzar hacia un modelo de Estado descentralizado sobre la base de cinco macrorregiones, con gobernadores regionales electos por sufragio directo y asambleas regionales unicamerales.

Dicen que la historia no se repite, pero que rima. Durante el proceso que dio lugar a la Constitución de 1925, el constituyente Héctor Zañartu propuso disminuir el número de provincias de la época (veintitrés) a nueve, argumentando que ésta era la única vía para avanzar hacia una verdadera descentralización administrativa. Consideraba que la concentración de poder y recursos en la capital jugaba en contra de las provincias, que los intendentes no eran más que un buzón del presidente y que la fragmentación territorial no hacía más que fortalecer el centralismo, con su consecuente concentración económica y demográfica. Su propuesta se encontró con la resistencia de sus colegas y del propio presidente Alessandri. Este último señaló que “la sola enunciación de la idea insinuada levantaría en el país una protesta formidable por parte de las provincias”.

El mismo argumento resuena hoy en los foros y mesas de trabajo donde se discuten medidas para avanzar en descentralización. La sola sugerencia de una nueva división territorial levanta sospecha y es desechada de plano debido a su aparente inviabilidad política. Se estima que las regiones tienen una especie de derecho adquirido, lo cual no deja de llamar la atención si reparamos en que la regionalización actual fue impuesta en dictadura el año 1974.

En un trabajo publicado en 1945 (“Los Constituyentes de 1925”) consta una de las últimas entrevistas de Zañartu antes de su muerte. Allí el ex constituyente se lamentaba del rechazo hacia su propuesta, declarando que la Constitución resultante contribuía a disminuir, cada día más, la importancia de las provincias en favor de Santiago.

¿No es acaso esta misma lógica la que se reproduce en el presente? Desde la entrada en vigencia de la Constitución, y especialmente a partir de su reforma el año 2005, el país se ha fragmentado constantemente, aumentando el peso específico de la Región Metropolitana (“Divide y vencerás”). Así las cosas, el proceso constituyente se presenta como una oportunidad de oro para que todos los sectores políticos reviertan esta inercia a través de una Carta que recoja una nueva división territorial. De lo contrario, es probable que en veinte años más algún ex constituyente se lamente, otra vez, de la ocasión que tuvimos para comenzar a descentralizar efectivamente el país, pero que preferimos dejar pasar.

*Publicada por La Segunda el 9 de noviembre de 2020