Me quedé sin caja

Por Gonzalo García

Investigador de Fundación P!ensa

Se ha iniciado la distribución de cajas de alimentos en los sectores en que no se repartieron o quedaron entregadas a medias, llamada fase dos. Esta situación ha sucedido en distintas comunas de la región, con mayor o menor celeridad.

Sin embargo, el hecho de que las cajas no hayan sido suficientes en la primera etapa de distribución refleja un problema de (in)capacidad del Estado. Y es que se presenta el problema de gestionar idóneamente la distribución de recursos (las cajas), para evitar que la cadena logística se interrumpa, sobre todo cuando se trata de paliar lo más básico de la población y el ser humano: el hambre.

Si nos enfocamos en esta situación, queda de manifiesto que el Estado no se puede hacer cargo -completa y absolutamente- de las necesidades de los chilenos. Pues bien, en la etapa más compleja de la pandemia, hubo municipios que se quedaron sin la ayuda, y por tanto, familias sin alimentos. ¿Por qué? ¿Cómo es que se les produce un quiebre de stock a los municipios? Si bien el gobierno central entregó los recursos y materiales, ante la falta de información y criterios claros, no les quedó otra que entregarlas a ciegas. Es decir, confiando en que se otorgó a una familia que realmente la necesitaba. Así era difícil prevenir la falta de alimentos en el corto plazo.

Es que sencillamente los gobiernos locales no pueden evitar estos sucesos. Más allá de lo complejo del trabajo logístico, no es la especialidad de un municipio. Por lo tanto, es posible que, ante esta falta de capacidad, hubiera sido positivo un vínculo virtuoso con aquellos que sí son aptos para resolver rápidamente estas situaciones: el mundo privado.

Hay varios ejemplos de privados que ponen de relieve su eficiencia. A mi juicio, uno de los mejores fue la capacidad para traer de China y otros lugares, los ventiladores mecánicos que actualmente están salvando vidas. Sin esa capacidad operacional, el Estado poco habría podido hacer, porque no solo es tener el dinero, sino que saber negociar y cerrar en buen término la transacción.

En ese sentido, no es necesario demostrar que los Estados más eficientes son aquellos que son capaces de generar y promover un engranaje público-privado funcional. Sino que aquellos que hacen de esta alianza una estrategia a largo plazo y encarnados en la cultura de la colaboración. Así, es posible evitar que familias necesitadas se queden sin cajas esta vez.

Ante esta situación, pensando que en la segunda distribución de cajas (a las familias que les faltó), es de esperar que los municipios adopten medidas de colaboración público-privada o en el mejor de los casos, hayan tenido un aprendizaje rápido para poder corregir los errores de la primera tanda.

Porque, si realmente queremos sacar a nuestro país del estado político, social, económico y de salud en que se encuentra, es importante poner sobre la mesa la necesidad de que los gobiernos locales y los privados trabajen en conjunto y no como antagonistas. Las administraciones locales no solo deben mirar a los privados cuando necesitan recursos o se vienen elecciones, sino que deben ser capaces de generar alianzas estratégicas un tanto más virtuosas que saquen lo mejor de cada uno.

* Publicada por El Mercurio de Valparaíso el 4 de agosto de 2020