QUÉ SE CUENTA…?

Hace pocos días un amigo muy interesado en los temas públicos  y que recién retornaba de sus vacaciones,  me invitó a un café para “ponerse al día” en los temas nacionales y regionales más relevantes, ya que por vocación y profesión está permanentemente interesado en estos asuntos. Entonces, ya instalados y café en mano, dispara la pregunta tan chilena y obvia para este tipo de situaciones: ¿Y…? ¿Qué se cuenta…?

Obviamente la conversación versó casi en su totalidad  respecto a la seria crisis institucional que estamos viviendo, sus causas y efectos, y la gravitación que puedan tener las proposiciones de la Comisión Asesora “Anticorrupción” creada por la Presidenta. Al final, ya en el segundo café, agotado el tema central, y luego de los comentarios típicos de una cordial conversación de amigos, lanza la pregunta “del millón de dólares”: “bien, pero… ¿qué se cuenta en nuestra región?

Tras unos segundos de silencio, de reflexión “acusete”, no hubo más alternativa que enfrentar la pregunta: ¿la verdad?… La verdad es que no ha pasado mucho, o nada muy importante. Los “temas” siguen siendo más o menos los mismos y su estado de avance ídem: el problema de la sequía, que ahora es “nacional”; la relación ciudad – puerto en Valparaíso, que sigue dividiendo las opiniones ciudadanas, ante un “mutismo extraño” de las autoridades y políticos, pues nadie pone su firma pública a un proyecto que “probablemente” afectará el futuro de la ciudad; la contaminación en Quintero – Puchuncaví;  la prórroga de la Ley de Casinos, que tanto puede afectar a Viña del Mar;  la periódica ocurrencia de nuestros propios “escandalillos” de corrupción regional, y otros más.

¿Y eso es todo? Me interpela mi buen amigo. No, le contesto: seguimos “esperando” la ampliación del metrotren y su soterramiento, el tren rápido a Santiago, la solución definitiva en el “Complejo Libertadores”, la decisión respecto al Embalse Puntilla del Viento, la erradicación de los campamentos, la solución a la deuda histórica de Valparaíso, la decisión respecto a la puesta en marcha de “Andina 244”, la remodelación de los estadios, y un largo etcétera.

Mi amigo frunció el ceño y con mucho sentido común (lo destaco pues hoy es un bien demasiado escaso), puso el grito en el cielo: ¡entonces no ha pasado nada nuevo y nos seguimos dando vuelta en lo mismo!

Qué quieren que les diga. Le encontré toda la razón. Entonces, dándole un par de vueltas más a la tuerca, no se puede sino buscar las causas de este “inmovilismo” regional. Por cierto ellas aparecen muy variopintas, y van desde: la falta de un plan de desarrollo regional, de una visión estratégica de –al menos- mediano plazo, la carencia de liderazgos públicos, privados y universitarios (la famosa “triada” virtuosa de la OECD para el desarrollo de los territorios), la falta de empoderamiento de la sociedad civil que genere y exija cambios y progreso, etc.

Creo que se trata de una “macedonia” de todo de lo anterior. Pero lo peor de la situación es esa “imagen” de conformismo que vemos por todas partes. Mientras menos cosas pasen mejor. Vivir “asegurados” y conservar la pega, beneficios y privilegios, parece “una virtud” pública- regional. Mire usted, si hasta nuestros parlamentarios regionales parece que viven en Santiago por los temas que tratan, pues no figuran liderando el futuro de la región, o al menos difundiendo su propia visión, amplia, comprensiva y fundada,  respecto a los próximos 20 años, a lo menos, en nuestros territorios y con nuestros recursos.  Menos hablar o liderar el tema del regionalismo (salvo un par de excepciones), pues da la impresión que ante los ojos de “sus superiores” en Santiago eso es mal visto.

Entonces la encrucijada es: ¿Queremos realmente descentralización y más poder para las regiones? ¿Queremos más recursos y decidir “nosotros” en qué invertirlos? ¿Queremos ser actores de nuestro propio destino? Si efectivamente queremos todo eso, claramente no hay concordancia entre lo que se está haciendo  y lo que se pretende.

Por tanto, necesitamos y, más aún, ¡exigimos! contar con liderazgos nítidos y empoderados en la región, tanto en el mundo público, en el privado y en la academia. “Líderes” que golpeen la mesa en La Moneda ante nuestras demandas. “Visionarios” de diseñen políticas públicas y obras de envergadura que nos auguren un futuro más promisorio.  “Estadistas” que reúnan y movilicen voluntades e inteligencia, que sobran en la región, para lograr grandes sueños y trascender a las siguientes generaciones. “Incorformistas con los pies en la tierra”, que no estén dispuestos a más de lo mismo, pues no aporta mucho, salvo para mantener cargos temporales. Nuestros antepasados, los grandes “emprendedores e innovadores porteños”, que tanto nos orgullecen, tenían algo al menos muy claro: “para hacer tortillas hay que quebrar huevos”, y así construyeron la república “desde” Valparaíso. La verdad es que hoy, desgraciadamente, no estamos siendo sus dignos sucesores.

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