SOCIEDAD Y DESCENTRALIZACIÓN

Ciudadanos inquietos y organizados logran una vez más la meta en la reciente Teletón. Con esto, celebramos como país un importante hito que nos demuestra cómo la sociedad civil se puede hacer cargo de buena manera de una tarea eminentemente pública.

Aún así, este año el proceso fue distinto, plagado de críticas y cuestionamientos contextualizados en la búsqueda de un Estado sobreprotector que se haga responsable de esta función y nos alivie de una carga que los chilenos “no merecemos”. ¿Por qué tenemos que estar solucionando nosotros mismos los problemas si tenemos un Estado para hacerlo?

Es claro que al hacernos esta pregunta preferimos olvidarnos del verdadero funcionamiento que hoy en día tienen algunas iniciativas a cargo del aparato burocrático, como el metro y la salud.

No sería muy aventurado sostener que este año la Teletón fue distinta porque se ha instalado lentamente en el país un recelo cada vez más generalizado respecto del rol que la sociedad civil debe tener en la esfera de lo público. Esto no es raro si consideramos que, para muchos, lo público se reduce a lo estatal. Y es que cada vez que le llamamos educación pública a aquella que depende esencialmente del aparato burocrático, estamos despreciando por completo la función realmente pública que cumplen una innumerable cantidad de instituciones privadas.

Entonces, ¿cuál debiese ser el rol de la sociedad? ¿podremos llegar a buen puerto si nos quedamos en el binomio “Estado” versus “mercado”?

 

En la búsqueda de ser un verdadero aporte en esta discusión, P!ensa y el IES realizaron en Valparaíso el lanzamiento de “La Gran Sociedad” de Jesse Norman, a cargo del ex Ministro de Cultura, Roberto Ampuero, ambos participantes de la última Enade (denominada, de hecho, “Afecttio Societatis”). En este trabajo, Norman sostiene la necesidad de una nueva mirada en la relación entre el Estado, el mercado y la sociedad civil, siendo precisamente esta última la clave.

En P!ensa trabajamos por la descentralización, y esta lectura del británico tiene una serie de consecuencias en la forma de afrontar un eventual proceso de desarrollo territorial.

Por un lado, al sostener que la clave está en la gran sociedad estamos destacando la importancia de acercar las decisiones a la ciudadanía, lo que involucraría una transferencia de poder desde el nivel central a las autoridades locales.

En segundo lugar, ya distintas organizaciones han sostenido la necesidad de impulsar un proceso descentralizador “desde abajo hacia arriba”, vale decir, desde lo local hacia lo central. Sin una sociedad efectivamente empoderada, lo único que se lograría con cambios impulsados desde la autoridad central sería la creación de caudillismos locales con mayor poder. En este sentido, el rol que cumpliría la ciudadanía no sería sólo reactivo (fiscalización ciudadana), sino también proactivo en la generación de territorios fuertes.

Con todo esto, la Teletón, los bomberos o los scouts son sólo una muestra respecto del cómo la sociedad puede ser capaz de entregar soluciones a problemas públicos.

Probablemente la centralización no se resolverá  luego de 27 horas de amor, sino que más bien luego de 27 años de lucha y conflicto. Aún así, en estos tiempos puede ser más importante que nunca ampliar la discusión respecto del rol que esperamos que tenga esta Gran Sociedad, pues sin ella difícilmente alcanzaremos un desarrollo íntegro.

Columna publicada en Chile B