¿Tenemos los políticos que nos merecemos?

A riesgo de ofender a payasos y equilibristas, lamentablemente nuestra política se ha transformado en un mal circo. Basta con ver un matinal, una sesión legislativa o abrir Twitter para darse cuenta que mucho de nuestros políticos están -con la encuesta del día bajo el brazo- en un permanente concurso de simpatía o de aliento a sus barras bravas, sin mayor consideración por el efecto de las políticas que aprueban y con ninguna capacidad de diálogo real. Las dos votaciones respecto del retiro de los fondos de pensiones –entre capas, sartenes y estridencias varias- son una clara manifestación de aquello. Ya resolverán otros (nuestros hijos) los problemas que ellos dejen. Lo importante es reelegirse, Chile viene después.

El 94% de la población de nuestra región tiene “nada o poca confianza” en el Congreso Nacional; el 85% asocia los partidos políticos a corrupción; un 83% considera que los políticos desperdician mucho dinero de los impuestos; y el 78% cree que a los políticos no les interesa realmente qué es lo que el votante considera (Encuesta P!ensa 2020).

Nuestros partidos políticos están en un estado crítico, “han perdido su conexión `vertical` con la sociedad, y han debilitado su capacidad de articulación ´horizontal´ de políticos profesionales” (Carlos Meléndez). Estamos transitando hacia un escenario político como el peruano, donde prima el caudillismo y cuyos efectos nocivos acaparan titulares hoy con la destitución del Presidente Vizcarra.

Esto es una mala noticia para los políticos, pero sobre todo para Chile. Los partidos están en la base de la democracia representativa. Son el nexo entre la ciudadanía y el Estado y, cuando están institucionalizados, expresan de modo consistente las preferencias de las personas, agregando y traduciendo las demandas sociales en programas de gobierno.

Este escenario de degradación de nuestros partidos explica en parte la demanda de candidaturas “independientes” a la convención constitucional. El 84% de la población considera que los candidatos debieran tener esta característica (Criteria-Octubre).

Esto representa una gran oportunidad de renovación pero también un riesgo de fomentar una política de “causas” que haga imposible llegar a acuerdos en la convención. No es difícil imaginar la actividad de la convención como grupos –ambientalistas, indigenistas o regionalistas, por ejemplo- preocupados exclusivamente de “lograr las firmas” de los 2/3 de la convención para su causa, sin ánimos de negociar, relativamente despreocupados del resto y transformando nuestra Carta Fundamental en una suerte de “ekeko” completamente inconexo entre sí.

Para lograr la tan necesaria renovación, los partidos debieran bajar las barreras de entrada para que los independientes puedan organizarse y competir de manera justa. Es razonable que en una elección excepcional como esta se establezcan reglas excepcionales de modo tal de hacerse cargo de una demanda ciudadana y contribuir a la legitimidad social del proceso.  

A su vez, debieran abrir sus pactos para que ciudadanos que suscriben sus visiones pero no militan en sus partidos compitan y le den nueva vida al escenario político. Si queremos revivir nuestro sistema de partidos, estos se deben oxigenar con personas que participan de los distintos ámbitos de la vida social y que, probablemente por las mismas razones que hemos descrito antes, nunca han militado ni pretenden hacerlo en el corto pazo. Esto le haría bien a los partidos, a la Convención y a nuestra democracia.

Además, y pensando más en el largo plazo, los partidos políticos chilenos tienen un desafío común con los del resto de las democracias. Repensar su rol en nuestra época, donde internet y las redes sociales han puesto en entredicho su necesidad de intermediación. La ciudadanía hoy más que reclamar ser escuchada, lo que demanda es participar de la solución de los problemas públicos. Los partidos, resistiendo la tentación de instrumentalizar a las organizaciones de la sociedad civil que tienen sus fines propios, deben replantearse para ser útiles y necesarios en nuestra época.

*Publicada por El Mercurio de Valparaíso el 15 de noviembre de 2020