Todos los huevos en la misma canasta

No es novedoso decir que dentro de los temas obligados en cualquier conversación se encuentra como protagonista la capital, y durante esta semana, la emergencia ambiental que está sufriendo Santiago. Es impactante que hace 16 años no era necesario adoptar una medida que alterara el orden urbano, en particular, el transporte público ya colapsado en la normalidad, y cuya necesidad resulta indiscutible por la degradada condición ambiental.

Es también innegable que las condiciones geográficas no contribuyen a una situación diferente y que existe un plan que hasta ahora ha sido insuficiente para evitar la adopción de la providencia. Sin embargo, lo que sí es cuestionable es el hecho de aglomerar la productividad y la población del país en una extensión de territorio que claramente ha superado su capacidad, y que tiene como consecuencia alcanzar niveles de calidad de aire no saludables para sus residentes, transformándola en ciudad inhabitable en su ritmo usual.

De esta manera, la concentración de la actividad productiva del país y la dependencia de estrategias de desarrollo que se piensan en Santiago, se vinculan con las restantes regiones como meras proveedoras de materias primas para la ejecución de proyectos condensados, y no mantienen una conversación con la realidad local, generando un riesgo real de agotar sus recursos, exponiendo, además, a la economía nacional al desequilibrio.

El llamado no es a contaminar las otras regiones para limpiar la capital, o peor aún, a contaminarlas parejamente, sino a diversificar la eficiencia para dejar de depender de un mismo lugar, de las mismas actividades. La tarea es buscar nuevas alternativas para el crecimiento económico que nos permitan aprovechar las fortalezas de nuestra variedad geográfica, distribuyendo e incentivando el potencial de las respectivas zonas sin consumirlas, considerando las necesidades locales, y respetando el medioambiente, sin sacrificarlo en atención al interés de un sector limitado y alejado de las implicancias de sus distantes decisiones.

Lo anterior, además de generar políticas regionales, permitirá la dispersión de las comunidades y, como consecuencia de ello, de los servicios y actividades que producirán un desplazamiento de la población, aumentando las posibilidades de crecimiento de dichas zonas, e idealmente, de sus habitantes.

Así, en la medida que sigamos intentando sustentar la idea de centralizar y no comprendamos la necesidad de disminuir la dependencia en un solo territorio, de diversificar nuestras actividades, y realicemos propuestas desde el resto del país, mantendremos los huevos en la misma canasta, debiendo esperar próximas medidas parche como las emergencias ambientales.

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